29 de abril de 2015

Escapada a Londres en clave Alexander McQueen



Hasta el próximo 2 de agosto, el museo Victoria & Albert de Londres acoge una de las muestras más esperadas por los amantes de la moda: Savage Beauty, una impresionante retrospectiva del trabajo del diseñador Alexander McQueen. La exhibición parte de la muestra que organizara el Metropolitan de Nueva York en 2011 y que batió todos los records de asistencia del museo, y se completa hasta llegar a un centenar de piezas que, como ha afirmado su comisario, “celebra el legado y la contribución a la moda” del británico.

El éxito de la exposición ha sido total, con prácticamente todas las entradas vendidas. Aunque no es del todo imposible conseguir alguna, han surgido alrededor de la muestra un buen número de actividades paralelas que, por un lado, para los que no puedan acercarse al V&A, les podrán servir de consuelo. Y, por otro, a los que sí lo hagan, les permitirá convertir una escapada de dos días en toda una experiencia 100% Alexander McQueen.


Actividades no faltan y las hay de todo tipo. Nuestra particular ruta comienza a pocos metros del propio museo, en el distrito de South Kensington. Allí, la hora del té también tiene sabor, olor y, sobre todo, color y forma a McQueen. De ello se encarga el Kensington Hotel, perteneciente a la cadena The Doyle Collection, que destaca por el mimo con el que ha creado el interiorismo de cada uno de sus establecimientos (109-113 Queen’s Gate).

Su equipo de restauración ha creado un ‘Afternoon Tea’ en torno a la figura del modisto. Así, de 3 a 6 de la tarde es posible descansar los pies tras ver la exposición disfrutando de una oferta de una docena de tes de diferentes sabores y procedencias, así como de unos perfectos scones con su crema y mermelada casera de fresa, sándwiches en los que no falta el clásico de pepino o el de huevo y otros bocados que incluyen magdalenas decoradas por las famosas mariposas que adornaron uno de los sombreros más icónicos de McQueen o un shot de panacota inspirado en uno de los vestidos de la serie de estampado tartán del británico.

Además, el hotel tiene un acuerdo especial con el Victoria & Albert por el que los huéspedes pueden realizar visitas privadas al museo, conseguir entradas que difícilmente se encuentran ya en taquilla o recibir el catálogo oficial nada más entrar en su habitación.

No es el único. El hotel The Berkeley creó una experiencia del té llamada Fashionista’s Tea en el que servía bocados con forma de prendas y accesorios icónicos de la historia de la moda. Piezas de Oscar de la Renta, Elie Saab, Gaultier... Coincidiendo con la exposición, ha incluido a su oferta una galleta de chocolate con la forma del zapato Armadillo y un caramelo de azúcar rojo con las mariposas.

Pero no sólo se trata de gastronomía. Londres analiza cada detalle de la obra de McQueen. Por ejemplo, el maquillaje. Por primera vez, una exposición analiza el que utilizó el británico en sus desfiles. Bajo el nombre Warpaint: Alexander McQueen and Make-Up, la London College of Fashion se encarga de explorar un mundo de fantasía y exotismo que también marcó historia en el mundo de la moda.

Aprovechar para hacer algunas compras tiene también el Victoria & Albert como epicentro. La tienda principal del museo permite hacerse con algunas cosas, pero es en la que ha creado de forma paralela al final de la exposición, con entrada alternativa, la que tiene todo el merchandising e incluso la reedición de algunos bolsos y pañuelos que ya habían sido descatalogados. Además, se hace obligada la visita a la tienda del creador, en la mítica Old Bond Street. Allí, en el número 4, se puede ver parte de su universo creativo.

Es un buen lugar desde el que pasear por los lugares más emblemáticos de la biografía del diseñador. Savile Row, donde entró de aprendiz de sastre a los 16 años está a poca distancia. Concretamente, habrá que dirigirse a la sastrería Anderson & Sheppard, así como a Gieves & Hawkes, donde aprendió la técnica de patronaje. Allí es donde, además, se encuentra la boutique masculina de McQueen.

Si hay tiempo, se puede completar la ruta visitando la Iglesia de Cristo de Spitalfields, donde tuvo lugar el famoso desfile de la colección Dante en 1996, o el Ten Bells Pub, epicentro de la leyenda de Jack el Destripador y que tanto fascinó al modisto británico. Brindar allí con una pinta es el mejor modo de finalizar una escapada 100% McQueen a Londres.

* Publicado originariamente en Viajestic.

22 de octubre de 2014

Un coche que vuela y un avión que toma curvas



Será el próximo 29 de octubre cuando tenga lugar la presentación oficial de uno de esos vehículos que todos imaginaban en los años 50 que serían el pan nuestro de cada día a estas alturas del siglo XXI. Y quizás vamos con retraso con respecto a los sueños y ambiciones de nuestros abuelos ingenieros, pero eso no quiere decir que no se estén dando grandes avances. Prueba de ello es este AeroMobil.

Se trata de una avioneta que, al mismo tiempo, se puede convertir en utilitario. O lo que es lo mismo, un coche que vuela. Bastan unos segundos para configurar qué forma de conducción queremos: si sobre tierra o surcando los cielos, aunque, eso sí, para esto último hace falta una recta que nos haga las veces de pista de despegue.



Construida en un acero ligero y fibra de carbono, el AeroMobil es capaz de alcanzar los 160 km/h en carretera, un bólido gracias a su diseño de suelo bajo y aerodinámica futurista. En el aire es aún más rápido, superando los 200 km/h, y funciona con un lubricante de gasolina como el de otros vehículos, sin necesidad de combustible para aviones.

Desarrollarlo les ha costado 20 años a sus dos 'padres'. Son Štefan Klein, que ha trabajado como diseñador en el equipo de I+D de firmas como BMW, Audi y Volkswagen, y Juraj Vaculík, experto en publicidad y comunicación política. Ambos, orgullosos de su invento de 8,2 metros de largo gracias a las alas, y con un diseño en blanco y azul que no pasa desapercibido.

Eso sí, como las alas se pueden plegar, a la hora de aparcarlo basta con buscar una plaza normal de cualquier parking, sin necesidad de hacerlo en un hangar. Con capacidad para dos pasajeros, uno de ellos a los mandos, está llamado a ser el vehículo que hará posible salir del trabajo y, en menos que canta un gallo, cenar a 200 kilómetros de distancia, con tiempo para volver a volar a casa y dormir en nuestra cama.