30 de enero de 2008

Vietnam en el Palace

Fernando con su libroUna de las razones por las que me gusta mi trabajo es que, de vez en cuando, mi camino se cruza con el de personas con mucho que contar, dueños de historias increíbles, de vivencias que te dejan con la boca abierta y que podrían relatártelas durante horas sin que te canses. Fernando Schwartz es una de esas personas. Lo conocí ayer y me cautivó, no sólo por su simpatía.

Quedamos en La Rotonda, la cafetería del Hotel Palace, y el objetivo del encuentro era que yo le hiciera una entrevista sobre su último libro, 'El cuenco de laca', y que me contara sus vivencias en Vietnam, que es donde transcurre la historia. Sin embargo, para mi placer, se convirtió en una charla amena, con momentos más propios de una clase magistral sobre Oriente e Indochina, en la que disfruté, aprendí y, sobre todo, me sentí a ratos un intelectual de verdad. ¡Lo que hace un café en el Palace!

El libro me lo empecé a leer en el avión que me llevaba a Milán y lo acabé el domingo. La compañera que normalmente se encarga de temas literarios me recomendó que, para no cagarla si no me daba tiempo a terminarlo, sólo leyera el primer capítulo, el último y alguno de la mitad. No hizo falta, se podría decir que 'me lo bebí' enterito; me encantó. Es una novela muy interesante, sobre todo porque muchos de sus personajes existieron realmente, como Ho Chi Minh o el Doctor Vu Dinh Tung, fundador de la Cruz Roja Vietnamita, y a mí me chifla la Historia. Fernando se documentó tanto para escribirlo que se ha convertido en un experto en la materia y no todos los días puedes hablar con alguien sobre el Comunismo en Indochina, la política colonial francesa de posguerra o el sentir de un pueblo que para mí es tan desconocido como el vietnamita. Además, la guerra que precedió a la de la Independencia, la que les enfrentó contra Estados Unidos, ha eclipsado el conflicto que narra el libro, y tenía mil preguntas sin resolver en mi mente curiosa.

La historia transcurre en Hanoi durante los años de la Guerra de Independencia de Vietnam contra los colonos franceses (1946-1954). La protagonista es una vietnamita de clase alta que estudió Farmacia en La Sorbona y que regresa a su país justo el día que estalla el conflicto (que ya es mala suerte). Con sus conocimientos, pronto se hace indispensable en el hospital de la ciudad, aunque ser la hija de Vu Dinh Tung le acarreará muchos problemas. Y hasta aquí puedo leer, como diría Mayra.

Muchos recordarán a Fernando Schwartz de cuando presentaba 'Lo + Plus' con Máximo Pradera, y me consta que no suele caer demasiado bien a la gente, pero conmigo, independientemente de que yo estuviera allí en calidad de periodista, fue bastante majo, más que cordial, y me brindó una tarde en la que disfruté como un enano e incluso me hizo alguna confidencia sobre su experiencia en Vietnam que me hizo sentir un privilegiado.

Hoy me toca entrevistar (esta semana no paro) a Gabriele Basilico, un fotógrafo italiano especializado en Arquitectura Urbana que siempre trabaja en blanco y negro. Aunque es una materia que me interesa cada vez más, dudo mucho que se repita el 'embrujo' de ayer, y no sólo por la barrera idiomática, sino porque pretender que te pase dos días seguidos es tentar demasiado a la suerte. Pussar och krammar!

Vanidades en Milano

Dolce & Gabbana en Milano

Estas semanas toca vivir el mundo de la moda intensamente. Normalmente lo hago desde la redacción, aunque es dificil librarse de los desfiles y de asistir a algunas de las presentaciones de colección de las principales marcas, que se realizan cada semestre de forma puntual. Estos días estoy en Italia, donde la moda se vive al 300% de lo humanamente razonable y todo el mundo partipa (participamos) de una catarsis estética que, sinceramente, te deja los pies hechos polvo de tanto andar e ir de un sitio para otro. Florencia y Milán son las ciudades en las que estoy siendo testigo de un negocio que mueve millones de euros a la semana y del que, para bien o para mal, pocos se libran.

Para que os hagáis una idea de en qué berenjenal ando metido, os transcribo un artículo de Charo Izquierdo, la directora de la revista 'Yo Dona'. Es una de las periodistas de moda más importantes de España y, sin duda, una de mis maestras. Le debo mucho y me ha encantado leer el siguiente texto, que describe perfectamente lo que se cuece en estos saraos. Pussar och krammar!
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"Hay algo peor que el tráfico en Milán durante las colecciones. Es peor el tráfico en Milán durante las colecciones... con lluvia. Y si es torrencial, no digamos. En esos días, como el de ayer, uno quiere volverse a la cama o, en su defecto, a Madrid, donde al menos los atascos son nuestros.

Los retrasos de los desfiles se acumulan. Acabas por perder alguno en el camino o por anular citas a las que no llegarías ni al día siguiente. Eso sí, sientes que por lo menos ese día hay un motivo para que el show comience una hora y media más tarde. Y es curioso porque ayer pensaba que nadie dice nada. Nadie de los implicados, digo.

Se da por hecho que es lo normal que un desfile comience una hora después de la marcada. Se da por hecho que es lo normal impedir que quienes a ellos asistimos comamos, sencillamente porque no hay tiempo. Se da por hecho que es un mundo de locos, al que hay que contribuir con dosis de locura, lo que no siempre equivale a ingenio. Por primera vez, creo que en toda mi historia de desfiles, por fin alguien ha pedido disculpas. Ha sido en el desfile de Roberto Cavalli. El creador se ha distinguido por haber cambiado sus habituales estampados de animales por una delicada colección que olía a vintage de Portobello, también por invitar a Inés Sastre a su colección y por pedir disculpas, excusando el retraso por estar esperando a que acabase el desfile anterior.

Algo está cambiando en la moda. O mucho. Por ejemplo, todos sabemos que el negocio se nutre en gran parte de las ventas colaterales, fundamentalmente la cosmética y algunos accesorios. Pero empieza a ser tan descarado que dos desfiles han sido precedidos por el filme publicitario de un perfume de la marca. Antes del de Emporio Armani, se ha enseñado el de Diamonds, interpretado por Beyonce. Más tarde, en Gucci se ha anunciado el lanzamiento de Gucci by Gucci, con una película firmada por David Linch, interpretada por mujeres inquietantes que bailan y alucinan, con fondo de ciudades igualmente inquietantes que duermen.

En Milán han empezado a tratarnos como códigos de barras. Ayer, antes del desfile de Prada, donde los asientos y las barras de porexpán competían con una especie de oda a la naturaleza hecha desfile, se ha pasado cada invitación por un escáner. Se supone que es para evitar las falsificaciones (que venga el manta y lo vea), sí, he dicho bien falsificaciones de invitaciones que las hay como existen las de los bolsos. Es, como poco, curioso.

Fascinada como estaba por ese nuevo ingenio detectivesco, no podía alejarme del agente de seguridad que escaneaba y daba paso a los honestos asistentes al desfile. Así he tenido la oportunidad de ver de cerca la llegada estelar del desfile. Primero le sonó un teléfono. Escuchó. Pero no habló. Después levantó la mano y chasqueó los dedos para avisar a alguien del lugar por el que tenía que entrar..., que la moda tiene ese punto ordinario que convive indefectiblemente con el glamour... Eran los guardaespaldas de ella, Anne Wintour, la mítica directora de Vogue América. Anochecía en Milán. Pero ella llevaba sus irremplazables gafas de ¿sol?

Acabaré preguntándome lo mismo que he oído preguntarse a sí misma a una asistente al desfile de Brioni. Para ponerse en situación hay que saber que se estaba cayendo el cielo de Milán, llovía sin parar, pero se llevan las sandalias y las mujeres de la moda no renuncian a ellas aunque se empapen o arriesguen sus tobillos. La asistente preguntaba: ¿Cómo hacen esas señoras para estar perfectas desde las nueve de la mañana, impecables con sus taconazos... y con este tiempo de perros?

He estado a punto de volverme para decirle... Señora, yo lo he resuelto a mi manera, me he comprado unas botas. De charol. Totalmente en tendencia. Eso sí, planas". (Charo Izquierdo, Yo Dona, 27/09/07)

11 de enero de 2008

Una cena de cojones



...concretamente los del David de Miguel Ángel. Por muy surrealista que parezca, ayer cené con los testículos de la talla renacentista encima de mi cabeza. Os aseguro que la sensación es extraña y no deja de serlo a los postres.

Estos días, aprovechando el rollo de la moda, se celebran en Florencia muchas fiestas, bacanales, desfiles y saraos. Ayer, después de un cóctel donde Chanel, unas copichuelas en la boutique de Dior y una 'desfilata' de Gaultier, que menuda tarde más liada que tuve, le tocó el turno a un diseñador norteamericano llamado Adam Kimmel, del que sigo sin saber nada (no iba yo muy interesado, se nota). Este buen hombre montó una especie de performance con cena en las instalaciones del Instituto d'Arte di Porta Romana, una academia donde se forman los futuros artistas florentinos. Allí tienen varias salas enormes donde se encuentran copias a escala real de las esculturas más importantes que hay en la ciudad. En una de ellas, donde estaba el David, pusieron la mesa para los invitados. Vale, no era el original, pero era igualito en todo y encima estábamos en Florencia, así que como si lo hubiera sido. Y ya te digo, surrealista y no tan morboso como pensaba al principio, que esa mano parecía que te iba a dar una hostia si le mirabas de nuevo el culete.


La foto es muy mala, pero mi móvil no da para más. Así os hacéis una idea de dónde andaba yo ayer metido a eso de las diez de la noche. A este paso, no llego vivo a Milán, segunda parada de este infierno llamado Moda Otoño-Invierno 2008/09. Además, casi seguro que voy a la Pasarela Cibeles, así que el bajón diferencial va a ser fino. En fin, que me espera mañana Via Tortona, así que ya contaré algo desde allí. Pussar och krammar!