11 de enero de 2008

Una cena de cojones



...concretamente los del David de Miguel Ángel. Por muy surrealista que parezca, ayer cené con los testículos de la talla renacentista encima de mi cabeza. Os aseguro que la sensación es extraña y no deja de serlo a los postres.

Estos días, aprovechando el rollo de la moda, se celebran en Florencia muchas fiestas, bacanales, desfiles y saraos. Ayer, después de un cóctel donde Chanel, unas copichuelas en la boutique de Dior y una 'desfilata' de Gaultier, que menuda tarde más liada que tuve, le tocó el turno a un diseñador norteamericano llamado Adam Kimmel, del que sigo sin saber nada (no iba yo muy interesado, se nota). Este buen hombre montó una especie de performance con cena en las instalaciones del Instituto d'Arte di Porta Romana, una academia donde se forman los futuros artistas florentinos. Allí tienen varias salas enormes donde se encuentran copias a escala real de las esculturas más importantes que hay en la ciudad. En una de ellas, donde estaba el David, pusieron la mesa para los invitados. Vale, no era el original, pero era igualito en todo y encima estábamos en Florencia, así que como si lo hubiera sido. Y ya te digo, surrealista y no tan morboso como pensaba al principio, que esa mano parecía que te iba a dar una hostia si le mirabas de nuevo el culete.


La foto es muy mala, pero mi móvil no da para más. Así os hacéis una idea de dónde andaba yo ayer metido a eso de las diez de la noche. A este paso, no llego vivo a Milán, segunda parada de este infierno llamado Moda Otoño-Invierno 2008/09. Además, casi seguro que voy a la Pasarela Cibeles, así que el bajón diferencial va a ser fino. En fin, que me espera mañana Via Tortona, así que ya contaré algo desde allí. Pussar och krammar!
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