7 de octubre de 2008

Jirafas en Zimbabwe



Esta noche me voy con mi becaria de reportero dicharachero. Somos los enviados especiales a una cita gastrónomica que va a reunir en un restaurante de Copenhague a una veintena de chefs de los que te hacen la boca agua con sus platos y el bolsillo trizas con sus precios. Sí, esos mismos. No os pongo los nombres porque no habreis oído hablar de ninguno, a menos que seáis fieles a la Guía Michelin, pero imaginaos a un Arzak, un Arola y un Santi Santamaria juntos. La cosa es que nos vamos los dos porque mi jefa de redacción pretende que entrevistemos a los máximos posibles para una nueva sección que va a tener mi revista en noviembre y que se llamará 'El fin de semana perfecto de...', más o menos igual que la que tiene el 'How to Spend it', que para eso somos su edición danesa. Está histérica y cada vez que alguien le llama para ofrecerle algún tema, no hace otra cosa que preguntar por lo del fin de semana dichoso, que vamos a tener una nevera que ni el ¡Hola! y su famosa caja fuerte.

A mí lo de trabajar fuera de mi horario laboral es que me pone enfermo, y mañana me toca también, que tengo una exposición, así que estoy doblemente malhumorado (eso sin contar que me han llamado esta mañana para preguntarme que si quiero ir a un fiting ¡EL DOMINGO! -un fiting es una prueba de vestuario para un desfile-).

He pensado que, para relajarme, como ya sabéis que mi imaginación vuela, podría pensar que no estoy aquí pasando frío con los cocineros y que me encuentro en el
Hotel Pamushana de Harare (Zimbabwe), el de las fotos. Es un hotelito formado por seis villas independientes y donde te prometen que, desde las ventanas de cada choza (más grandes que toda micasa cada una de ellas), te puedes pasar el día viendo jirafas (que a mí siempre me han llamado mucho la atención, la verdad, aunque sólo las vi en el Zoo). Pero no sólo por las jirafas merece la pena. Tiene un spa chulísimo, organiza excursiones y safaris, una piscina que te cagas y, encima, te dejan telescopios por si te aburres y quieres mirar las estrellas. ¿El precio? Con pensión completa, apenas 1.100 euros por noche. Una ganga, que nada más me entere de un avión que va para allá ni me lo pienso.

Y mientras espero el embarque, una canción que ya me enganchó la primera vez que la oí. Es de Nina & Kim, unas suecas muy majas (las conocí en Gotemburgo hace unos veranos). Pussar och krammar!