8 de mayo de 2009

Frivolizando la historia

Cuando alguien adopta una postura crítica contra una obra de arte o un autor concreto, no faltan voces que tildan de reaccionario a quien ose semejante tropelía. Parece como si no se pudiera decir que una obra que es una mierda, realmente ES UNA MIERDA; que al pan hubiera que llamarle 'menú degustación' y, al vino, nada menos que 'ambrosía'. Afortunadamente, el tiempo pone a cada cual en su sitio y, aunque hayan sido necesarias tres décadas, la generación de mis padres ya puede decir que las famosas películas 'de arte y ensayo' de finales de los 70 y primeros 80 eran lo más aburrido, soporífero y cansino del universo cinematográfico sin correr el riesgo de ser tachados, erróneamente, de franquistas.

Estos días me toca estar en el lado de los que tienen que aguantar ser tomados por reaccionarios. Me enciendo con la obra del fotógrafo Mike Balakov, especializado en recrear con figuras de LEGO obras maestras del fotoperiodismo, imágenes inmortales como la de la revuelta en Tiananmen o escenas de la Segunda Guerra Mundial. ¿Qué puedo decir sobre las mismas? Que son un insulto.

Balakov frivoliza momentos históricos en los que murió mucha gente, donde se jugó con ideas, revoluciones, libertades… Las figuras de LEGO siempre serán tiernas, adorables. Están hechas para que jueguen los niños, no para representar a asesinos sin escrúpulos, como en la foto que recuerda el asesinato de un capitán del Viet Cong a sangre fría. En mi opinión, es una desfachatez, ya que cualquiera que vea el trabajo de Balakov no dirá que hay que aprender de los errores del pasado, sino más bien “¡qué muñequitos más simpáticos!”. ¿A eso somos capaces de reducir un genocidio? Pussar och krammar!


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