28 de noviembre de 2009

El carámbano del turronero con corbata

Está a punto de terminar una de las semanas más surrealistas de mi vida. Para empezar, me he congelado de frío durante dos días seguidos. Reconozco que me cuesta mucho poner la calefacción (el gasto de gas natural que implica es demasiado para las pocas horas que paso en casa), pero estos días he experimentado algo cercano a la congelación, por lo que no tuve más remedio que poner el termostato en marcha... pero eso no tiraba bien. Tuve que purgar el primer radiador de mi vida y, aún así, la cosa no iba... Resulta que la presión de la caldera estaba a cero, y que por eso la calefacción estaba bajo mínimos. Al final, todo solucionado con un rápido vistazo a las instrucciones de uso de la caldera (y lo de purgar, gracias a la infografía de la página web de Eroski).

Además, en el trabajo, he tenido que perseguir a turroneros artesanos de media España, llevándose la palma una señora de Jijona, pero que vende en Palencia, que pretendía decirme cómo hacer mi trabajo en vez de contestarme a las preguntas que yo le hacía. Según ella, "el público no quiere saber ni cuánto cuestan sus turrones ni la producción anual que tienen. Eso son cosas secretas". Está claro que me voy a quedar sin saber las cifras de producción, pero lo del precio será otro cantar. Los compañeros de 'El Norte de Castilla' ya se han ofrecido a echarnos una mano e ir en persona a ver a cuánto ponen la tableta de turrón blando y el de yema... eso sí, después de descojonarse ante mis peripecias como periodista regional (uno está más acostumbrado a lidiar con marcas de postín). En el otro extremo, los turroneros de Mahón, Castellón y Alcoy; para cuya amabilidad y disposición, justo en la peor semana del año, en la que están al 200% de trabajo, sólo tengo palabras de agradecimiento..

Y como se supone que soy redactor de moda, y en estas fechas no paro de hacer bazares para números de Navidad, esta semana me ha tocado inundar la redacción de corbatas de lana. No tengo más remedio que destacar las que me han llegado de Savile Row. Son las más alucinantes que jamás haya visto confeccionadas con este material. En concreto, las de Anderson & Sheppard y las de E. Tautz, que me han dejado sin palabras. Si necesitaba más pruebas de que Londres sigue siendo la ciudad que lleva la voz cantante en cuanto a sastrería masculina, me dieron media docena de ejemplos.

El lunes espero poder cerrar ambos temas y, aunque el frío de la calle no me lo quita nadie, al menos salir de mi casa sin un carámbano colgando de las orejas o la nariz. Este fin de semana, con mi hermano en Madrid, me temo que no habrá huevos de apagar la calefacción ni medio minuto. Pussar och krammar!
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