14 de diciembre de 2009

Artesanos de la Navidad

No es casualidad que sólo haya un turronero artesano en la mayoría de las capitales de provincia. Mucho menos que todos tengan sus orígenes en Jijona, e incluso que algunos vivan allí buena parte del año. Para encontrar una explicación a estos hechos, hay que remontarse algo más de 100 años. A finales del siglo XIX, el pueblo alicantino vivió una explosión industrial sin precedentes gracias a la introducción de las máquinas de vapor y la bajada del precio del azúcar de caña. Capaces de elaborar grandes cantidades de turrón, los productores se repartieron España con la intención de no hacerse la competencia entre ellos. Comenzaron una labor comercial que les llevaba, durante apenas dos semanas, por toda la geografía. Algunos, con el tiempo, se quedaron en esas ciudades y abrieron despachos de dulces que aún hoy siguen funcionando en su mayoría.

Es el caso, por ejemplo, de la familia de Montserrat Miquel Roige, que ahora se encarga de llevar las riendas, junto a su marido José Saavedra, de El Turronero, una dulcería fundada en 1894 en Mahón (Menorca) cuyos productos sólo se venden allí. En ella han trabajado hasta hoy cuatro generaciones. “Apenas ha cambiado la receta que trajimos de Jijona hace más de un siglo y sólo se elabora con ingredientes de temporada, un rasgo que distingue al turrón de calidad del industrial”, afirma Saavedra, para quien el turrón “es el postre más exquisito y desconocido. Se puede comer con pan, incluso”.

Este gusto por mantener el sabor de siempre se ensalza en Turrones El Campanar (Alcoy), donde siguen elaborando sus pastillas con la misma máquina con la que fundaron la empresa en 1874. “Se ha restaurado y adaptado continuamente a las normas sanitarias vigentes, pero la mantenemos por cómo muelen de bien sus ruedas de piedra y porque de ese modo aseguramos el sabor y la calidad de siempre”, afirma José Córcoles, uno de los dos socios que compraron esta década la empresa a la familia Sancho, sus fundadores. Estos turrones, junto a los de Dulces Hispania, se encuentran sólo en pastelerías de Alcoy.

También un siglo llevan los Baldo-Masià viajando cada diciembre desde Jijona a Palencia. Allí, en el 7 de la calle La Cestilla, abren, durante sólo dos semanas, un despacho de turrones al que acuden con piezas de 20 kilos, que cortan a mano a 22 € el kilo de cualquier variedad. “No sabemos hacerlos mejor y tampoco queremos que cambien”, dice Amparo Baldo-Masià, tercera generación de artesanos.

El turrón tradicional no es exclusivo de Jijona. En Cabanes (Castellón) se elaboran los Turrones San Luis. Al frente está Jesús Pérez, segunda generación e hijo del primer químico especializado en el dulce navideño, del mismo nombre. Venden sus pastillas en tiendas delicatessen de toda España y su reto es “mantener la calidad y la fidelidad del cliente”, el mismo que estos días espera en largar colas por hacerse con el mejor turrón.
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