12 de enero de 2010

Lobo con piel de venado

El otro día leí en el diario 'El Mundo' que Patrick-Louis Vuitton (el señor de la imagen), tatara-tataranieto del fundador de la manufactura de baúles (quinta generación, vamos), ha sido multado con 1.300 euros por adentrarse sin permiso en los terrenos de la aristócrata Laurence Dourdin durante una cacería. Como enemigo declarado de la caza por diversión, me alegro, y mucho, de que le hayan aguado la fiesta. De hecho, me parece que la Justicia francesa se ha quedado corta. ¡Qué menos que el precio de un juego de maletas!

Según cuenta la misma noticia, Dourdin lleva años enfrentada a Vuitton porque, según ella, éste maltrata a los animales durante sus jornadas de caza. De hecho, parece ser que en el juicio quedó demostrado que se cebaron miserablemente con unos venados, a los que acosaron hasta que se ahogaron en un lago.

Hace poco más de un año, tuve la oportunidad de entrevistar a Patrick-Louis Vuitton en Madrid. Aunque la manufactura ya no pertenece a su familia, él es la persona al frente del departamento de Pedidos Especiales (al que pienso contratar para que me hagan un backgammon personalizado en cuanto me haga rico). Además de sobre su trabajo, estuvimos hablando bastante rato acerca de sus aficiones, entre las que destacó precisamente la caza. Según me comentó, no era matar animales lo que le gustaba, sino el proceso en sí, la espera, la persecución, la búsqueda de la presa... Llegó incluso a decirme que, en muchas ocasiones, dejaba al animal vivo, que no era de su interés acabar con su vida. Vamos, que mintió como quiso y más.

No sé si ahora toca poner el grito en el cielo, descolgar el teléfono y llamar a la jefa de prensa de Louis Vuitton para informarle de mi indignación; pero no lo pienso hacer. Prefiero quedarme con una expresión sarcástica en mi cara y con la seguridad de que no será ni el primer ni el último capullo que representará, delante de mi grabadora, el papel del perfecto 'bon vivant' con ideas ecologistas, aunque ni él mismo se crea sus patrañas. Lástima que las suyas vengan estampadas con el maravilloso 'Monogram'...
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