27 de febrero de 2010

Maridaje de excelencia

Pocos maridajes explotan en el paladar con la misma exquisitez que la unión de jamón ibérico y champán francés. Si, además, estos productos provienen de casas con tanto prestigio como Joselito y Dom Pérignon, y se pueden disfrutar en un ambiente sofisticado, mucho mejor.

Es el caso del Ham&Champ, un espacio único que acaba de abrir sus puertas en el restaurante Sula de Madrid. Está pensado para el disfrute en común del Joselito 'Gran Reserva' (con 60 meses de secado) con una copa del Dom Pérignon 'Vintage 2000', Se trata de un rincón escondido detrás de la barra de la entrada, un reservado íntimo formado por apenas media docena de mesas en las que es posible disfrutar cada día de la experiencia única de este maridaje, bien pidiendo copas o la botella, con taquitos o con una ración completa de lonchas.

Los precios están en consonancia con la calidad de los productos. Una copa del 'Vintage 2000' con taquitos de jamón 'Gran Reserva' cuesta 25 € (si se pide la botella con una ración, el precio es de 130 €). Hay opciones más económicas si se marida con Möet & Chandon, clásico o Rose.

Más información: C/ Jorge Juan, 33. Madrid. Tel.: 91 781 61 97.

26 de febrero de 2010

Relajación en los bosques de Hungría

Hungría es, desde este enero, el último país en incorporarse a la cadena Relais & Châteaux; y lo ha hecho por la puerta grande, con el que está considerado el mejor cinco estrellas de la nación magyar: el Hotel Hertelendy. Se trata de un castillo construido a principios del siglo XX siguiendo el estilo arquitectónico de los palacios austro-húngaros. Rodeado de una finca de 240 hectáreas, uno de sus puntos fuertes es su localización. Está enclavado en la región boscosa de Somogy, cerca de la frontera con Croacia y a 220 km al suroeste de Budapest, lo que asegura al huésped tranquilidad, silencio y, si se desea, desconexión absoluta del frenesí diario.

El hotel cuenta con seis habitaciones dobles y ocho suites de diferentes tamaños. La decoración de éstas, en las que predomina el color blanco, mezcla diferentes elementos neoclásicos con la última tecnología audiovisual y amplias camas y sofás donde descansar plácidamente. Juega también con la luz, que entra por grandes ventanales repartidos por toda la estancia, en las que también destaca el suelo de madera y las flores frescas.

Los huéspedes que prefieran un ‘plus’ de intimidad pueden solicitar alguno de los seis apartamentos separados del edificio principal que hay su disposición. Se conocen como ‘las casas de campo del cazador’, un nombre que responde a la afición por la cinegética de la familia Hertelendy, los primeros propietarios del castillo. Actualmente, el cliente que lo desee puede organizar salidas para cazar palomas en los alrededores del establecimiento.

La carta de actividades de este hotel húngaro es bastante amplia. Además de la caza, ofrece a sus huéspedes una buena cuadra de caballos Freiberger (originarios de los Montes Francos en el Jurá franco-suizo) en los que pasear por la finca, pesca, campo de golf y criquet, globo aerostático... Así como un restaurante de cocina internacional con sumiller (el menú se nutre de un huerto propio) y un spa con piscina y tratamientos cosméticos de la isla de San Bartolomé (Caribe francés).

El hotel tiene helipuerto y una pista de aterrizaje para avionetas donde se celebran exhibiciones aéreas. Si se llega en avión privado al cercano aeropuerto de Sármellék, un helicóptero traslada al huésped hasta el castillo.

23 de febrero de 2010

Un esmoquin para proteger las manos

‘Ángulos de atracción’ es el nombre de la colección de invierno de Kris van Assche para Dior Homme. Partiendo del esmoquin clásico, juega con siluetas asimétricas llenas de aristas y el contraste entre el negro y el blanco para crear piezas únicas. Prueba de ello son estos guantes de conducir de piel de cordero (240 € aprox).

22 de febrero de 2010

Un termo para el vino tinto

La firma Klean Kanteen, especializada en termos fabricados con materiales ecológicos, ha lanzado el primero pensado exclusivamente para vino tinto. Se llama ‘Wine Karafe’ y tiene una capacidad de 800 ml. Fabricado en un acero libre de toxinas, puede reutilizarse sin miedo con diferentes caldos de varias marcas, ya que evita que se peguen los aromas del vino. Como buen termo que es, conserva el líquido frío durante horas.

El diseño es bastante interesante (hay dos colores disponibles, pero el que mejor lo define es el rojo tinto, no podía ser menos) y sobre todo me gusta la parte trasera, en la que aparece escrita la palabra 'vino' en 10 idiomas. Además, sólo cuesta 16 euros (en Estados Unidos, porque con los gastos de envío...).

19 de febrero de 2010

La última colección medieval

El sistema feudal estuvo presente en la Rusia zarista hasta la Revolución de 1917. No es extraño, por tanto, que los artesanos del siglo XVIII de este país siguieran trabajando con técnicas propias de la Edad Media, y actualmente en desuso, como curtir la piel de reno con una mezcla de aceite de abedul y corteza de sauce.

Un cargamento de este preciado cuero se hundió en el Canal de la Mancha en 1786, frente a la costa de Plymouth (Inglaterra). El bergantín danés Metta Catharina von Flensburg no soportó una virulenta tormenta y quedó olvidado durante más de 200 años en el fondo del mar. Socios de un club de buceo lo descubrieron a 30 metros de profundidad en 1973 y pronto comenzó la caza del tesoro, a pesar de que se desconocía qué podían contener las bodegas del barco. Para sorpresa –o decepción– de muchos, no surgieron del mar cofres llenos de joyas o monedas de oro, sino una gran cantidad de cuero de reno que, a pesar del daño que el agua salada provoca sobre este material, se mantenía en buenas condiciones.

Los propietarios de la zapatería londinense G. J. Cleverley compraron toda la partida y comenzaron a crear piezas en su boutique de Old Bond Street sólo para clientes muy selectos. Zapatos, maletines, neceseres... no había objeto pequeño que no se pudiera hacer con la piel de reno. "Más grandes es imposible porque haría falta mucho cuero", afirman desde G. J. Cleverley. Por este motivo se negaron a un encargo personal de Ralph Lauren (el americano les pidió tapizar una mesa).

Ahora lanzan una edición limitada de diferentes complementos masculinos para cuya adquisición ya no hace falta ser un cliente especial. En ella destaca una bolsa de viaje de estilo vintage con apertura superior (como la que usaban antiguamente los médicos). Además, hay zapatos, carteras, una bolsa para llevar botellas... piezas que, en algunos casos, no existían cuando se curtieron las piezas de reno.

18 de febrero de 2010

Nudos con estilo

Diana Román es una de las plumas digitales más reconocidas entre los blogueros españoles dedicados a escudriñar las tendencias de la moda. Desde su bitácora Di Por Dior ausculta el latir de las mejores pasarelas y los desvaríos artísticos de los modistos más importantes. Ella es de las que afirma haber recibido con perplejidad el boom que han experimentado las pajaritas en los conjuntos masculinos de las últimas colecciones: “No tanto por su aceptación como sinónimo de buen gusto y de distinción, que siempre ha estado ahí, como porque se haya extendido su uso a gente que, hace unos años, nunca se hubieran planteado lucir una. ¡Si hasta se pueden ver en ciudades pequeñas!”, afirma refiriéndose a Vigo, donde reside.

El fenómeno no es sólo español. Ha trascendido las fronteras como un tsunami, con epicentro –como no podía ser menos– en Londres. En la capital británica han llegado incluso a agotarse algunso modelos de pajaritas de marcas tan reconocidas como Hackett. Esta firma, junto a otras como Gieves & Hawkes, Turnbull & Asser o Thomas Pink, vieron incrementar las ventas de este complemento durante 2009 con cifras que oscilan entre el 30 y el 50%, con respecto al año anterior.

Tal ha sido su éxito que algunos conocidos gentlemen como Jeremy Hackett, que solían llevarlas como rasgo distintivo, han decidido pensárselo dos veces y no vestirlas tan a menudo para no verse como “uno más” de los que la lucen en la calle. Triunfan incluso como herramienta de márketing. Un ejemplo lo protagonizan los empleados de la sastrería Gieves & Hawkes en Savile Row (Londres). Ellos las llevan como parte de su uniforme y, desde que lo hacen, han vendido un 50% más de estos lazos.

Las pajaritas que triunfan no son sólo las negras de seda o raso que van asociadas como remate a un buen esmoquin. Las más demandadas son las que añaden un toque original de fantasía al conjunto, las más coloridas o con estampados de reminiscencia inglesa (ya sea pata de gallo, tartán escocés o escudos de los colleges) o propios del arte contemporáneo (círculos surrealistas, líneas imposibles, superposición de formas...).

Están pensadas para lucir con un traje de diario, pero también con una americana e incluso vaqueros (una apuesta de los gemelos Dsquared2). A cambio, eso sí, de mandar a las camisas más llamativas al fondo del armario. Sólo las más básicas pueden combinarse con acierto con este estilo de pajarita, bien lisas o con unas rayas muy sutiles, a ser posible complementarias con el tono que más resalte en el lazo.

También en lo que concierne a los materiales se han experimentado pasos de gigante en las últimas colecciones. Si hasta hace bien poco apenas se salía de la terna entre seda y lana, ahora hay que sumar las de cashmere y terciopelo, e incluso las de ante y napa, como las que presentó Loewe el pasado otoño, una apuesta arriesgada con la que Stuart Veviers, su director creativo, quería sublimar la cultura del cuero de la marca española.

Al igual que ocurre con las corbatas, hoy es posible encontrar pajaritas de todos los colores, texturas y formas posibles. Eso sí, cada vez que se anude, el resultado será único e irrepetible.

16 de febrero de 2010

NoticiasinespaciosenABCAndalucía


El pasado domingo pasó una de esas cosas que podríamos llamar 'la mayor pesadilla' de un equipo de Cierre de la redacción de un periódico. El diario ABC, en su edición de Andalucía, publicó dos páginas completas sin espacios entre las palabras. No sólo en los titulares, sino en todas las cajas que componen la maqueta: texto general, entradilla, sumarios, apoyos, antetítulos... Obviamente, los finales de las noticias quedaron en blanco, ya que el redactor que las escribió las ajustó a caja y las letras se corrieron para arriba (aunque también es interesante observar cuánto espacio de un artículo no se rellena).


No es plan de llamar a la delegación andaluza de ABC para preguntar si se ha despedido a alguien o no por este tema; aunque, más que eso, lo que me intriga es saber cómo demonios pudo ocurrir algo así. Que haya erratas, aunque no debe ser lo habitual, no sorprende a nadie (y mucho menos en ABC, que tienen cada metedura de pata...), pero que desaparezcan los espacios de toda una página es complicado de explicar; tanto como que nadie se diera cuenta en ferros o preimpresión de este fallo.

Como esto se generalice a otras revistas y diarios, ya me veo llamando a los cazafantasmas, porque fijo que esto es cosa de espíritus de redactores fallecidos reivindicando una prensa de calidad que en España se fue para, me temo, no volver jamás. (Pulsando sobre las páginas se ven a tamaño real)

12 de febrero de 2010

Una chatarra de colección

Cada vez es más complicado determinar el valor de un objeto a priori inservible. En las últimas semanas, piezas más propias de acabar en la papelera que en un museo han sido subastadas por cantidades astronómicas que han hecho soñar a más de un trapero. Por un lado, por los restos de un habano fumado por Winston Churchill en 1941 acaban de pagar en Londres algo más de 5.000 euros. Un mayordomo del que fuera Primer Ministro británico recogió el cigarro de un cenicero para regalárselo a un amigo y los familiares de éste último decidieron obtener beneficio de tan excéntrico obsequio siete décadas después.

Casi al mismo tiempo, al otro lado del Canal de La Mancha, la filial de la casa Bonhams en París hacía lo propio con un Bugatti ‘Type 22 Brescia’ de 1925. La puja ganadora ascendió a los 260.000 euros, una cantidad elevada pero en la línea de lo que se suele pagar en las principales citas internacionales por coches fabricados durante el periodo de Entreguerras. Sin embargo, lo que llama la atención de este caso es que no se trata de un vehículo restaurado con mimo por un coleccionista durante décadas; ni si quiera de un coche olvidado en un taller o en un desguace a la espera de revivir tiempos mejores. Lo que ha motivado que este automóvil fuera centro de todas las miradas es que se ha puesto a la venta después de pasar los últimos 73 años reposando en el fondo del lago Maggiore, en la localidad suiza de Ascona.

Que el coche se encontraba bajo las aguas era de sobra conocido por los miembros del Club de Buceo de Ascona, para quienes era una atracción más del lago en el que se sumergían cada semana. La fatalidad quiso que uno de los integrantes del club, Damiano Tamagni, muriera después de recibir una brutal paliza por un grupo de jóvenes hace dos años. Sus compañeros, con la idea de crear una fundación con su nombre que sirviera para prevenir la violencia juvenil en la región, decidieron entonces sacar el vehículo del fondo del lago y subastarlo.

El estado en el que podía encontrarse el Bugatti era desconocido y sacarlo exigía una complicada logística. Con la ayuda de barcos y una potente grúa, los restos del bólido volvieron a ver la luz del sol el pasado mes de julio. Las cientos de personas que presenciaron ese momento, incluida la plana mayor del Bugatti Club de Suiza, se encontraron con un coche completamente destrozado, especialmente la mitad que no reposaba directamente con la arena del fondo. La matrícula había desaparecido, así como el símbolo de la firma del radiador, dos ruedas y prácticamente todas las piezas no metálicas. Sin embargo, sí que estaba aún en su sitio el número de chasis, así como otras piezas con las que se ha logrado determinar el origen del vehículo, e incluso que fue modificado con piezas nuevas a finales de la década de los años 20.

Sigue siendo un misterio quién era el propietario del coche en 1936, fecha en la que se hundió el vehículo. En cambio, sí que se sabe que el dueño original, el francés Georges Nielly, que lo adquirió en Nancy en abril de 1925, se desprendió del mismo en junio de 1930. Aunque hay teorías que apuntan a un intermediario, todas apuntan como último conductor del Bugatti a Max Schmuklerski, un arquitecto de Zurich de ascendencia polaca que se formó en la Escuela de Bellas Artes de París y que trabajó en Ascona construyendo bloques de viviendas de 1933 a 1936. Éste lo introdujo en Suiza evitando pagar aranceles aduaneros, y tampoco lo matriculó en ningún momento, por lo que mantuvo irregularmente sus placas francesas.

Las autoridades locales sabían de las irregularidades del vehículo, pero el arquitecto, al marcharse de la ciudad, dejó el coche atrás, en el garaje de un constructor apellidado Barra, y se desentendió del mismo. Sin nadie a quien reclamarle el dinero que se debía en impuestos, el montante de la multa pronto superó el valor real del coche en el mercado, por lo que se optó por ‘hacerlo desaparecer’ metiéndolo en el lago, aunque atado a una cadena de hierro por si fuera necesario recuperarlo. La corrosión propia del paso del tiempo acabó con el singular atadero, lo que motivo que el Bugatti se precipitara hacia el fondo, a 52 metros de la superficie, cayendo sobre uno de sus costados.

El precio de salida del coche en la subasta del Rétromobile Salon de París fue de 70.000 euros, y las previsiones apuntaban que se llegaría, como mucho, a los 90.000. No es de extrañar, por tanto, la sorpresa que supuso alcanzar los 260.500 euros. Esto fue posible gracias a la dura pugna que se estableció entre dos compradores: un europeo que quería mantenerlo tal cual para exhibirlo como pieza de museo y un americano que había declarado su intención de restaurarlo (empresa complicada ya que sólo el 20% de las piezas que quedan podrían ser reutilizables). Fue el primero quien se hizo con el lote. Pujó anónimamente, por lo que, al menos por ahora, el nombre del propietario de este Bugatti tan especial sigue siendo un misterio. Lo que sí parece es que no tendrá que pagar la multa de las autoridades suizas. Siete décadas después, han prescrito.

5 de febrero de 2010

Un cinturón para amantes del bricolaje

Bill Amberg es un reconocido artesano británico experto en marroquinería. Además de su colección de bolsos, carteras y maletas, ha creado una edición limitada de cinturones, el modelo Ambius, cuya particularidad es que se vende despiezado, y es el cliente el que lo monta, como si se tratara de una maqueta. Fabricado con materiales de alta tecnología y aluminio, se inspira en el mundo de las motos antiguas y la caja en la que se comercializa se acompaña, además del cinturón de cuero, de una llave alen. En España se vende en Pool (C/ Núñez de Balboa, 13. Madrid).