18 de febrero de 2010

Nudos con estilo

Diana Román es una de las plumas digitales más reconocidas entre los blogueros españoles dedicados a escudriñar las tendencias de la moda. Desde su bitácora Di Por Dior ausculta el latir de las mejores pasarelas y los desvaríos artísticos de los modistos más importantes. Ella es de las que afirma haber recibido con perplejidad el boom que han experimentado las pajaritas en los conjuntos masculinos de las últimas colecciones: “No tanto por su aceptación como sinónimo de buen gusto y de distinción, que siempre ha estado ahí, como porque se haya extendido su uso a gente que, hace unos años, nunca se hubieran planteado lucir una. ¡Si hasta se pueden ver en ciudades pequeñas!”, afirma refiriéndose a Vigo, donde reside.

El fenómeno no es sólo español. Ha trascendido las fronteras como un tsunami, con epicentro –como no podía ser menos– en Londres. En la capital británica han llegado incluso a agotarse algunso modelos de pajaritas de marcas tan reconocidas como Hackett. Esta firma, junto a otras como Gieves & Hawkes, Turnbull & Asser o Thomas Pink, vieron incrementar las ventas de este complemento durante 2009 con cifras que oscilan entre el 30 y el 50%, con respecto al año anterior.

Tal ha sido su éxito que algunos conocidos gentlemen como Jeremy Hackett, que solían llevarlas como rasgo distintivo, han decidido pensárselo dos veces y no vestirlas tan a menudo para no verse como “uno más” de los que la lucen en la calle. Triunfan incluso como herramienta de márketing. Un ejemplo lo protagonizan los empleados de la sastrería Gieves & Hawkes en Savile Row (Londres). Ellos las llevan como parte de su uniforme y, desde que lo hacen, han vendido un 50% más de estos lazos.

Las pajaritas que triunfan no son sólo las negras de seda o raso que van asociadas como remate a un buen esmoquin. Las más demandadas son las que añaden un toque original de fantasía al conjunto, las más coloridas o con estampados de reminiscencia inglesa (ya sea pata de gallo, tartán escocés o escudos de los colleges) o propios del arte contemporáneo (círculos surrealistas, líneas imposibles, superposición de formas...).

Están pensadas para lucir con un traje de diario, pero también con una americana e incluso vaqueros (una apuesta de los gemelos Dsquared2). A cambio, eso sí, de mandar a las camisas más llamativas al fondo del armario. Sólo las más básicas pueden combinarse con acierto con este estilo de pajarita, bien lisas o con unas rayas muy sutiles, a ser posible complementarias con el tono que más resalte en el lazo.

También en lo que concierne a los materiales se han experimentado pasos de gigante en las últimas colecciones. Si hasta hace bien poco apenas se salía de la terna entre seda y lana, ahora hay que sumar las de cashmere y terciopelo, e incluso las de ante y napa, como las que presentó Loewe el pasado otoño, una apuesta arriesgada con la que Stuart Veviers, su director creativo, quería sublimar la cultura del cuero de la marca española.

Al igual que ocurre con las corbatas, hoy es posible encontrar pajaritas de todos los colores, texturas y formas posibles. Eso sí, cada vez que se anude, el resultado será único e irrepetible.
Publicar un comentario