23 de marzo de 2010

Chau, Carmen

La diseñadora balear Carmen March ha dejado los trastos, no se sabe si temporalmente o para siempre, y cierra su taller de costura. No es que me haya tomado la noticia como si fuera algo personal, pero sí ha sido una sorpresa y un mazazo en cierto modo. Aunque Carmen llevaba algunos desfiles muy tibios y colecciones que no emocionaban como hace algunos años, seguía siendo un referente de por dónde debe ir la moda española de autor y qué cosas sí se deben hacer para gustar, al menos a crítica y medios de comunicación. Quizás ahí radicaba el problema de March, que no supo trasladar sus aciertos al público que compra, que se quedó en las alabanzas. ¿Alguien conoce a gente que tenga en su armario prendas de Carmen March que no sean un vestido de novia? Yo no.

He tenido la suerte de entrevistar varias veces a Carmen en los últimos cinco años. No es una persona de trato fácil, y no le cuesta sacar su genio, pero eso no impide que la persona que tiene delante no caiga en su embrujo. Me encanta su franqueza, que llame a las cosas por su nombre. "La moda no es arte, es un oficio", me dijo hace mucho tiempo. Y ese oficio le seguirá, con o sin empresa propia, con o sin tienda propia, porque ella lo lleva en la sangre. De Cibeles (sea lo que sea esa pasarela hoy en día, signifique lo que signifique) pasará al salón de su casa, como las costureras de siempre, que hacían cosas para amigas y conocidas. Y seguirá siendo una maestra virtuosa, con más tiempo para la familia y seguro que meditando el mejor momento para volver (ojalá).

El problema es que, si se retiran los nombres que sí aportaban algo, nos quedan los diseñadores que sólo quieren fagocitar el mundo de la moda española, viviendo de subvenciones, de acuerdos con empresas privadas para 'vestir' una botella o una colección de bolsas de playa y de la caridad de algún mecenas. Son los mismos que no trabajan de verdad por vender sus colecciones, que haya una buena distribución de sus prendas y que las marcas importantes apuesten por colaborar con ellos; los que prefieren patalear por no ser invitados a tal o cual pasarela. La Ley del Mínimo Esfuerzo, una vez más.

Carmen no era una abanderada de eso, aunque alguna vez se pudo dejar tentar (recordemos ACME y sucedáneos...). Ojalá pronto sepamos de ella. Los que estamos de una forma u otra relacionados con el mundo de la moda nos alegraremos tanto o más que su propio equipo. El talento no puede quedarse arrinconado. En kram, Carmen. Pussar!
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