4 de abril de 2010

El teatro de Monzó

La práctica de una de mis asignaturas de 2º de carrera consistía en escribir una columna de opinión a partir de una noticia sucedida ese mismo día. En menos de 45 minutos, debíamos entregar un mínimo de medio folio argumentando nuestro parecer, y siempre debíamos escoger una noticia de la misma sección del mismo diario. Como me gusta ser original, o al menos no ir en plan rebaño, escogí la sección de Local de La Vanguardia. Así, tenía que estar al día de lo que pasaba en Barcelona.

Hoy vuelvo a mirar hacia el diario catalán, pero en esta ocasión a las tribunas de opinión. En ellas, el escritor Quim Monzó lleva varios días narrando por qué no va al teatro. Hay algunas frases que son geniales. Aquí va un breve resumen:

"No voy al teatro desde que se puso de moda que los actores bajasen del escenario y se metiesen con los espectadores" (...) "Porque se nota que fingen" (...) "Porque nunca me han gustado los grupos. No me gustan las cenas con más de cuatro personas, ni las reuniones, ni las fiestas. ¿Cómo me va a gustar el teatro, si está lleno de gente que a veces tose, estornuda y carraspea? (...) "Porque el escenario ejerce de altar. Y esa sacralización me hace pensar en Carme Ruscalleda". (...) "Porque, cuando acaba la obra, los actores y el director esperan a que el público aplauda. Aunque aplaudan poco, salen al escenario corriendo, con un trote de gacela ensayado mil veces, y saludan. A veces parece que dedican más tiempo a ensayar el saludo que algunas escenas de la obra".

En las tres columnas desarrolla la que, en mi opinión, es una mordaz e interesante crítica al teatro. No son muy extensas y me he reído bastante. Además, no deja títere con cabeza y coincido con él en buena parte de sus razones. Eso sí, como pueda repetir 'Sonrisas y lagrimas' en Londres, no seré yo el que diga que no.
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