18 de junio de 2010

Mocasines a prueba de agua

Son muchos los que relacionan los mocasines con los meses de verano, el ambiente de los paseos marítimos y las vacaciones con estilo. Sin embargo, estos zapatos, conocidos también como náuticos, no se concibieron para el mar.

Su origen hay que buscarlo en la tribu india de los Powhatan, pobladores durante la Edad Media del territorio que ahora es el Estado de Virginia (costa oriental de Estados Unidos). Los colonos europeos no tardaron en adoptar este tipo de calzado, mucho más cómodo y que sólo necesitaba de unos trozos de piel cosida para confeccionarse. No fue hasta la II Guerra Mundial cuando los italianos descubren los beneficios de estos modelos, a raíz de la presencia del Ejército estadounidense. Pero los zapateros transalpinos no se limitan a copiarlos, sino que los combinan con el estilo elegante del made in Italy, consiguiendo un nuevo concepto de zapato más liviano y suave.

Es entonces cuando los mocasines comienzan a popularizarse, sobre todo entre las clases adineradas. Al ser confeccionados con cuero fino (para disfrutarlos en verano), no tenían mucha durabilidad y se rompían fácilmente. Así, sólo los que podían permitirse un recambio continuado los compraban. Poco a poco, se les empezó a asociar con el veraneo de los ricos: paseos marítimos, salidas en yate, cócteles junto al mar... de ahí que se les bautizara popularmente como náuticos y en sus diseños aparecieran, cada vez más, los tonos claros y azules.

Gracias a los avances en ingeniería textil, las últimas colecciones de mocasines marineros sí pueden definirse como auténticos lobos de mar. Ya no sólo se fabrican en ante, napa y cueros que no se estropean con el agua, sino también en materiales sintéticos e incluso plásticos que aceptan todo tipo de maltrato, incluso introducirlos directamente en agua salada. Así, la idea es que los más marineros no tengan que cambiarse el calzado para andar con seguridad por la cubierta o si han de abandonar el barco para dirigirse a alguna cita formal en el puerto, bien un almuerzo o una reunión en una terraza.

La firma americana Sebago es una de las que más ha apostado por las líneas marineras. Los creadores del mocasín castellano (en inglés, beefroll) han trabajado las suelas de sus modelos más emblemáticos para crear unos zapatos antideslizantes, con un cuero que resiste bien el agua y detalles metálicos inoxidables. Uno de sus mocasines más deportivos, el Spinnaker, está disponible en 13 combinaciones de color (bermellón, blanco, azul, verde...). Además, el uso de este tipo de tecnología evita que se agujeree la suela y que no haya que lijarla en ningún momento, técnica con la que se arreglan los mocasines clásicos, en los que las diferentes partes se pegan con una cola especial.

Aunque para ingeniería, la desarrollada por el equipo técnico de Pirelli. En su colección de zapatos PZero han tomado la larga experiencia de la firma en la fabricación de neumáticos para crear una suela vertebrada que se dobla sin deformarse. Realizados con el mejor cuero e incluso materiales preciosos (en sus últimos modelos de edición limitada hay lengüetas confeccionadas con piel de avestruz), toman los patrones clásicos de los mocasines, pero dándoles un aire mucho más deportivo.

El desarrollo no sólo afecta a la suela, sino también al cuero con el que se fabrica el resto del zapato. Es el caso de Santoni. La firma italiana trata la piel para convertirla en impermeable. Además, las costuras, realizadas a mano, se refuerzan para evitar que traspase la humedad. Los mocasines que ha presentado esta temporada cuentan con una suela gommini antideslizante (pequeñas pelotas de goma que aparecen repartidas por la suela de forma simétrica), de ahí que hayan querido reforzar aún más el tratamiento de la piel para que repela el agua.

El último material en ser utilizado para este tipo de calzado es el caucho. Es por el que ha optado la firma noruega Swims para una colección de mocasines capaces de sumergirse sin estropearse. “La idea era que se pudieran usar para desplazarse por la cubierta de un barco, caminar por la orilla sin preocuparse de las rocas o regar el jardín pisando el césped”, dice Johan Ringdal, su fundador y director creativo. Antibacterianos y con pequeñas aberturas que permiten una óptima ventilación, están disponibles en seis combinaciones de color. En España se venden en Pool (Núñez de Balboa, 13) y en Anglomanía (Villanueva, 16), ambas en Madrid.
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