7 de julio de 2010

El fin de semana perfecto de Sophie Kinsella

Para mí, un fin de semana perfecto es aquel en el que puedo relajarme, divertirme. Lamentablemente, no tengo demasiados que cumplan estos requisitos ya que, cuando estoy preparando un libro, me paso todo el tiempo que puedo escribiendo y los siete días son iguales.

Normalmente, mis días de descanso están determinados por la agenda de mis cuatro hijos, por lo que llegan a ser bastante caóticos. Procuro, eso sí, equilibrarlos y, cuando llega el viernes, tener la sensación de que podemos dejar atrás la semana y dedicarnos a disfrutar.

Los sábados me gusta comenzar con mi marido y los niños en la cama, todos juntos riéndonos. Es un momento muy especial para los seis. No hay nada como la familia, de ahí que algunos fines de semana vayamos a visitar a mis padres y mis hermanas y sobrinos, sobre todo si podemos organizar partidos de tenis, que nos encanta. El desayuno es el momento más especial y la única comida que puedo cocinar más o menos bien. Sobre todo nos gusta el de estilo americano, con bizcochos y huevos revueltos, aunque también hay veces que hacemos un brunch con mi hermana, en una cafetería, tomando muchos capuchinos y hojeando los periódicos del día. Los festines lo dejamos para los domingos. Normalmente, mi marido se encarga de preparar un buen pollo asado y yo de escoger el vino. Si es invierno, lo cambiamos por un buen guiso inglés, de esos que al final de la comida casi no te puedes ni mover.

Creo que el secreto para disfrutar de un fin de semana perfecto es saber combinar familia, amigos y un rato para ti misma. Uno de los lujos que me gusta poder permitirme es un largo baño de agua caliente con aceite perfumado de Jo Malone y una copa de vino, sobre todo si esa noche tengo previsto salir de marcha. Pasar el tiempo con mis amigos compensa la soledad del escritor. Con muchos de ellos comparto profesión, de ahí que todos valoremos gratamente esos momentos. Celebramos unas fiestas geniales y procuro que sean siempre en viernes y comiencen con un buen cóctel. Mi favorito es el Mojito. ¡Hay algo mágico en ese primer sorbo helado, fuerte y picante! El sábado, en cambio, ya es tradición quedarnos los seis en casa, comer pizza y ver 'X Factor' en la televisión.

Si puedo escaparme de viaje, mis destinos ideales serían Amsterdam, por sus galerías de arte; Milán, por sus tiendas y la Ópera, y Nueva York porque me recarga de energía. Creo que, si te lo propones, puedes hacer muchas cosas en esas ciudades en apenas dos días. ¡Sólo hay que tener claro dónde están las mejores tiendas! Debo reconocer que prefiero ir de tiendas entre semana, que es más práctico porque hay menos gente, pero no sientes la misma energía que un sábado por la tarde, con las calles llenas. De hecho, procuro reservarme alguna compra para ese momento. En mi lista de lugares pendientes tengo Praga y Barcelona. No puedo creer que aún no haya estado en ellas (quizás mi marido lea esto…).

En cambio, si me he de quedar en Londres, una buena opción es Wimbledon Village, donde vivo. Está a las afueras y es muy bonito, con caballos y mucho campo. Es como un pequeño pueblo con cafeterías y tiendas chic. Es posible comprarse un bolso nuevo de Prada, tomar un capuccino y acabar ¡montando a caballo! Además, durante el torneo de tenis, puedes ver a los jugadores descansando.

Los días de lluvia nos quedamos en casa. Aprovechamos nuestro Home Cinema para ver una película familiar y también sacamos tiempo para tocar el piano. Su música suele unirse a la de varios iPod sonando al mismo tiempo. ¡Es un auténtico caos!
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