16 de julio de 2010

Los Campos Elíseos en Shanghai

El barrio de Puxi de Shanghai esconde el pasado colonial de uno de los puertos más importantes de China. En sus rincones se mezcla tradición asiática y rasgos occidentales formando una simbiosis multicultural que no deja indiferente al visitante, ni siquiera si éste es uno de los modistos más imaginativos del surrealista mundo de la Alta Costura y responde al nombre de John Galliano (Gibraltar, 1960). “No hay nada que no me inspire de sus calles. ¡Es tan diferente a Occidente! Su cultura, su arte, la música, los colores... Te hace ver y apreciar la vida con ojos nuevos, con una curiosidad insaciable de recuerdos que llevar a casa. Es imposible quedarse sólo con un elemento, su riqueza es incomparable. Me encantan sus jardines milenarios, las salas de té y también sus innovaciones tecnológicas y de ingeniería, así como los rascacielos”, dice el director creativo de Dior.

La casa francesa ha apostado por Shanghai este 2010. El pasado mayo, coincidiendo con la inauguración de la Exposición Universal, reabría sus puertas su boutique emblema en China, 420 m2 repartidos en dos plantas en las que se reúne todo el universo de la marca. A pesar de encontrarse en Puxi, en el centro comercial de lujo Plaza 66 (tercer rascacielos más alto de la ciudad), el interior de la tienda permite al cliente tener la sensación de estar realmente en la Avenue Montaigne de París, junto a los Campos Elíseos; 9.300 km de distancia salvados con apenas traspasar las puertas de entrada. Una gran instalación de 96 pantallas junto a una escalera de piedra, en la que, entre otras imágenes, se proyecta una vista de la ciudad del Sena, Torre Eiffel incluida, ayuda a mantener esa impresión.

En su diseño, los guiños a las tiendas francesas de Dior son evidentes. Por ejemplo, la balaustrada de la escalera, idéntica a la de la boutique de la rue Montaigne. Además, las molduras de las paredes, el vidrio de los mostradores y las ventanas siguen un diseño típico parisino. En el centro, un grupo de banquetas de metal con flores, diseñado por el interiorista Claude Lalanne, se sitúa bajo un plafón decorado con cristales Swarovski.

No es el único mueble con firma de la boutique. A la lista hay que añadir una mesa del pintor Guy de Rougemont y una lámpara del escultor australiano Rob Wynne en uno de los reservados VIP, cuyo techo está decorado por un mosaico de molduras realizado por el interiorista David Wiseman.

El día de la inauguración (el pasado 18 de mayo), la tienda acogió un desfile muy especial. “Presentamos la última colección Crucero, que toma a China como referencia. Fue muy excitante poder hacerlo allí, que los invitados vieran cómo interpreto Shanghai a través de mis diseños, sin olvidarme del espíritu de Dior”, continúa John Galliano.

Plasmar la fascinación de los viajes en una línea de moda no es nuevo en Dior. El fundador de la marca supo representar en sus diseños sus aventuras por India, el Mediterráneo o las islas Marquesas. Sin embargo, Galliano no quiere oír hablar de mímesis entre él y Christian Dior: “Me gusta seguir mi corazón y crear mi propio destino, no seguir la estela de los demás. Admiro profundamente a monsieur Dior, pero no quiero copiarle, sólo continuar su línea de trabajo. Comparto con él su amor por la belleza y por los viajes y es un honor consolidar su trabajo, pero la importancia de sumergirse en nuevas culturas, ideas y colecciones es algo que aprendí hace mucho y que me servía como inspiración antes de trabajar en la maison”.

En la colección de objetos diseñada en exclusiva para la boutique de Shanghai, el gibraltareño recupera uno de los colores característicos de Dior: el azul zafiro, el preferido del fundador desde que lo usara por primera vez en un vestido de noche en 1947. De hecho, su fascinación por este color le llevó a crear su propia paleta: azul París, azul nórdico, azul llama, azul María Antonieta... fueron algunos de los nombres con los que bautizó el tono durante su carrera.

Entre las piezas que se pueden comprar en la boutique de Shanghai están dos reinterpretaciones del bolso Lady Dior, un foulard con el estampado de una modelo desfilando, dos pares de zapatos de tacón, un teléfono móvil rematado con un pequeño diamante, un juego de collar y brazalete y un reloj de señora de oro rosa con diamantes. Este último no se expone en los mostradores. Se encuentra en una sala que se ha reservado para las colecciones de joyería y relojería. En ella destaca una gran pintura que representa el signo astral de Acuario en el techo, como símbolo de buena suerte (era el del fundador de la maison).

Durante la inauguración, se pudieron ver otro tipo de joyas, las de la exposición que organizó la firma sobre su patrimonio y savoir faire. Para ello, tomaron como referencia el punto de vista y la sensibilidad de los artistas chinos. Así, se pudo contemplar una gigantesca escultura luminosa del bolso Lady Dior firmada por Li Songsong y una reproducción gigante del frasco de J’Adore, entre otras piezas.

La aportación artística occidental corrió por cuenta del cineasta David Lynch, que presentó un corto protagonizado por Marion Cotillard, el tercero de una saga que ha llevado a la actriz francesa por París, Nueva York y, ahora, China representando a la mujer Dior y que se puede ver en la página web de la firma. En él, como dice el propio Galliano, se palpa que “Oriente y Occidente siempre se fascinarán e intrigarán el uno al otro. Es algo positivo y excitante, ya que observar estas diferencias es lo que nos enriquece”.
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