15 de septiembre de 2010

El lujo de lo desconocido

Catalina Álvarez, compañera del gremio del lujo (aunque ella está en el otro lado, de RRPP), ha publicado en su blog un decálogo de por qué cada vez le gustan menos las marcas globales. Sus razones son por ser tan reconocibles que hay imitaciones, por encontrarse en cualquier rincón del mundo, por su relativamente fácil acceso a la compra o por mostrar logos gigantes y su exceso de caducidad (dictadura de las tendencias), junto a otras igual de interesantes.

Creo que no podría estar más de acuerdo con ella. Da bastante grima cuando vas a cualquier cuidad del globo y, además de Inditex, H&M y demás marcas de medio pelo, ves Louis Vuitton, Hermès, Gucci... en cada esquina. El problema, además, es que van todas sus líneas y colecciones en el mismo saco y no es lo mismo el trabajo artesanal con el del pret a porter. Afortunadamente, al final, lo que perdura como lujo de verdad son los productos que hicieron de la marca un símbolo. Es decir, nadie se queda con los vestidos de Vuitton o las joyas de Hermés, pero sí con sus maletas, baúles o piezas de cuero, que son las extraordinariamente caras, las que realmente no se encuentran en todos lados porque son piezas de edición limitada o fabricadas por encargo.

Como Catalina, también me declaro antilogo, de ahí que le tenga tanto aprecio a Bottega Veneta o Goyard, por ejemplo, o a marcas de sastrería como Tautz o Ibérico, que no ponen nada o acaso un bordado pequeño que, como no las conoce casi nadie, es como si no lo llevaras. Además, lo del logo gigante... pues como que no es para gente que aprecie realmente la calidad de la moda, sino para los que le basta con la apariencia de la marca.

Yo no digo que haya que renunciar a estas marcas y volver a los artesanos en plena calle reunidos por gremios pero... cuando encuentras uno de estos en una pequeña tienda escondida y tienen justo el producto que estabas buscando durante mucho tiempo en las marcas de siempre, ¿no te sientes como si hubieras descubierto un tesoro y, a pesar de que luego no son tan desorbitantemente caros (ojo, que tampoco baratos), los veneras igual o más que si te hubieras comprado un Prada o un Fendi? Pussar och kramar!
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