23 de septiembre de 2011

El Monogram se vuelve lienzo

El mundo del arte tiene una relación directa con Louis Vuitton. A diferencia de otras firmas, que lo incluyen sólo en fundaciones culturales paralelas al negocio, la manufactura trata de que grandes nombres de la pintura, la fotografía y la escultura se involucren en sus productos, y que éstos formen parte del catálogo. Así, Takashi Murakami o Richard Prince crearon particulares versiones del estampado Monogram, en ediciones limitadas que cosecharon gran éxito de ventas. También cineastas como Sofia Coppola se han animado a crear colecciones cápsula para Louis Vuitton (el precio de estas piezas oscila entre los 2.610 y 3.050 €).

Otro modo de aprovechar el potencial del mundo del arte es mediante la creación de originales instalaciones para los escaparates de sus tiendas propias. Un ejemplo de ello serían los faros con los que el islandés Olafur Eliasson iluminó la Navidad de 2006, los árboles nevados de Ugo Rondinone en 2004 o el festival hindú de luz de Rajeev Sethi el año pasado. Aunque es en esas fechas donde la firma se esmera especialmente en llevar la cultura a las tiendas (en los años 20, Gaston Vuitton creó el concepto de "escaparates sorpresa"), su boutique de los Campos Elíseos acoge un espacio con exposiciones todo el año. La apuesta por lo contemporáneo no es nueva. De hecho, el fundador era amigo de Monet, Renoir, Sisley y Degas antes de que estos fueran famosos. Hoy la familia, 140 años después, sigue sus pasos.

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