26 de septiembre de 2011

Un Gucci a medida en los pies

Monsummano Terme es una pequeña localidad situada a escasos 40 minutos de Florencia. Nuestro destino es una nave industrial que parece una oda al minimalismo, tanto por dentro como por fuera. El blanco lo inunda todo y no hay un rótulo ni un cartel que permita adivinar qué se cuece en su interior. No porque sea un secreto, pero prefieren pasar desapercibidos. Allí es donde se realizan los zapatos a medida de Gucci, el servicio más exclusivo que ofrece la marca a sus clientes masculinos.

Nada más entrar, un imponente tigre disecado llama la atención. Pertenecía al antiguo propietario de la fábrica, un amante de la caza que durante años fue proveedor de Gucci (la factoría se fundó en 1950 y desde 1994 trabajan para la marca italiana, que la compró en mayo de 2002). "Cuando vendió las instalaciones a la matriz, la única condición que puso fue que mantuvieran al felino en la recepción", cuentan con una sonrisa los artesanos, no más de 50, que trabajan a diario en el taller, con una bata tan inmaculada como las paredes, el techo, las máquinas y el suelo. Impoluta, toda la estancia es blanca. Son los zapatos los únicos que aportan un toque de color al espacio.

De sus manos expertas salen cada día una veintena de pares de zapatos, pertenecientes a la colección principal que estará en las tiendas meses después. Pero también unos modelos muy especiales: los que se realizan a medida, personalizados de punta a talón a gusto de clientes que pagan cantidades entre 1.000 y 10.000 € por ellos (se parte de un modelo de la colección y el precio depende no sólo del zapato elegido, sino también del material, los apliques, la suela, el forro, el tintado de la piel...).

Para que no haya dudas al respecto, en cada hoja de pedido, además de las especificaciones de cómo hay que crear el zapato, se incluye el nombre y el apellido del cliente. Los empleados están acostumbrados a que, en muchas ocasiones, aparezcan en esos folios personajes conocidos del cine, la música o los negocios. El día de nuestra visita, por ejemplo, nos muestran el proceso de fabricación mientras realizan unos mocasines de cuero marrón chocolate para el actor norteamericano James Franco (Spiderman, 127 Horas...).

DEL PAPEL AL CUERO. La fábrica está dividida en dos partes. Por un lado, nada más traspasar la recepción, hay un pequeño laboratorio en el que ocho personas desarrollan los diseños de Frida Giannini, directora creativa de la casa. El trato con ella es directo y para los responsables de este departamento es crucial esa comunicación, ya que deben saber interpretar los bocetos y encontrar el modo de hacerlos realidad. Para ello, trabajan sobre papel pinocho, trasladan cada pieza del calzado a unas cartulinas y, como si fuera un puzle, las pegan para comprobar si la forma se ajusta o no a la esperada. Una vez conseguido, se empieza a trabajar el cuero hasta lograr un prototipo.

El objetivo es que cada zapato sea único, pero sin perder un ápice de la identidad de Gucci: clásico, atemporal y con estilo. "Mi visión implica cierto maridaje entre el pasado, el presente y el futuro. La inspiración viene tanto de mi estado mental del momento como de los archivos de la firma de los últimos 90 años. Estoy muy orgullosa del pasado de Gucci y mi objetivo ha sido aferrarme firmemente a este legado único, pero insuflándole un espíritu moderno. Cuando reinterpreto un modelo clásico, trato de darle nueva vida, un toque de actualidad, jugando con su forma, con las proporciones; empleando colores y materiales diferentes", afirma Giannini.

La segunda parte de la factoría es en la que se realizan los zapatos. Las máquinas de pulido, encerado o corte se mezclan con puestos en los que los artesanos pespuntean y cosen a mano diferentes piezas, preparan los apliques metálicos en forma de G que jalonarán cada mocasín y tiñen tacones mientras cantean cada pieza de cuero que se va a utilizar. Además, allí se almacenan pieles exóticas y las cajas en las que, con mimo, se guarda cada par. El cliente lo recibirá pocas semanas después de encargarlo.

UN PAR ÚNICO. La personalización parte de modelos del catálogo, pero no se ciñe a cambiar ligeramente el aspecto de estos. Por ejemplo, los botines con puntera Oxford (arriba, a la derecha) de la boutique online de Gucci tienen elástico en la caña y un tacón más alto (660 €). En los personalizables, en cambio, la decoración horsebit (el troquelado que se dibuja a lo largo del cuero) es más compleja, no hay elástico y el talón se refuerza con una pieza pespunteada, lo que hace que el par sea más exclusivo aún.

En la firma dicen que quien se decide por unos zapatos, repite. “Después del primer par Made to Order, muchos clientes encargan otros en diferentes variantes. Este servicio está logrando una importante fidelidad a la marca”, aseveran los responsables de Gucci. Para solicitarlo, hay que dirigirse a las boutiques de la firma. En ellas, los estilistas ayudarán al cliente a decidirse por unos zapatos que serán únicos en el mundo.
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