29 de octubre de 2011

Khinkali, mon amour

Lo de la foto no es una pizza, ni una empanada, pero sí. Me explico, se trata de una de las delicias más sencillas de la fabulosa comida georgiana: el khachapuri (léase 'jachapuri'), una torta de pan rellena de queso artesano y que se hornea, bien con algo más de queso por encima o con otro tipo de productos (una variación muy típica es la que añade un huevo, se llama Ajaruli). Decir que está delicioso es quedarse cortos. Normal que durante mi semana en Georgia engordara, si nos ponían khachapuri todos los días (uno al día, que más nos parecía exagerar ya en cuanto a calorías).

No es el único plato que nos embelesó en el país caucásico. Lo mejor que tiene su gastronomía es que, como la española, tiene muchos platos propios. Es decir, no se trata de cómo cocinan las carnes o el pescado, como ocurre con algunos países, sino que tienen sus platos con nombre propio, como aquí el cocido, la paella o la escalivada. Allí, uno de los más raros es el khinkali, una especie de grandes bolsas de pasta algo gruesa que se rellena con carne, verduras, setas... y que se come de un modo muy particular: se da un pequeño bocado a la bolsa, se absorbe el caldillo y, una vez sin caldo, se come como si fuera un micrófono. El rabillo de la pasta, se tira, y los georgianos pueden pedir perfectamente docenas y docenas en los restaurantes (se sirven por unidades y por rellenos).

Si a eso le sumas tomates que saben a tomate, una carne asada que parece ambrosía y se derrite en tu boca y todo ello en raciones gigantes, te enamorarás de la cocina georgiana. Una lástima que en Madrid no haya ni un sólo restaurante especializado. ¿Alguien ha dicho "hay ahí idea de negocio para un emprendedor"?
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