14 de octubre de 2011

Una corrala en Budapest

Iberostar ha decidido dar un giro de 180 grados a su oferta de hoteles de lujo y comenzar a trabajar un nuevo terreno: el urbano. Así, se aleja de las playas y de los resorts vacacionales para dar un servicio de cinco estrellas a ejecutivos y escapadas culturales de fin de semana. El estreno no ha podido ser en un mejor marco: el del centro de Budapest, con la inauguración a finales de agosto del Grand Hotel.

A pocos pasos del Parlamento y de la mayoría de lugares turísticos de Pest, se sitúa en un antiguo edificio que sirvió en su día como convento, de ahí que cuente con un gran patio central sobre el que giran las habitaciones de las tres primeras plantas, formando una especie de corrala. Al ser un enclave histórico, se ha respetado gran parte de su diseño original, aunque se han añadido dos plantas, las superiores, con impresionantes vistas sobre la Plaza de la Libertad. En su interior destaca una decoración en blanco y negro, con detalles en rojo y guiños al arte posmoderno (alfombras, sillas, sofás con forma de labios, papel de pared serigrafiado...) que visten sus 50 habitaciones y suites, todas con reproductor de iPod, televisor de gran tamaño, máquina de café y carta de almohadas.

El toque español está presente, sobre todo, en lo que respecta a la gastronomía. Al frente del restaurante, con una terraza abierta durante todo el día, se encuentra el pacense Juan Carlos González. De su ingenio han salido platos y tapas que fusionan ingredientes tradicionales con toques ibéricos, como el Panini de jamón serrano relleno de crema de queso o el Salmorejo cordobés con tropezones de tomates blancos congelados. Si puede, solicite con un poco de antelación un menú degustación. Le sorprenderán la docena de platillos que le servirán, regados con vinos húngaros como el Tokaji dulce o españoles (en este caso, la carta de tintos se resume en Riojas y Riberas del Duero).

Pero no sólo se han esforzado en dar un excelente servicio gastronómico en almuerzos y cenas, sino también en un apartado tan capital como el desayuno. El bufé cuenta con una amplia gama de productos, colocados de forma que todo está a mano: ibéricos, pastelitos de salmón, cereales, frutas, sandwiches vegetarianos ya preparados, tortillas caseras... Si le gustan los huevos benedictinos, no se vaya del Grand Hotel sin pedirlos, con una receta original que prescinde de la salsa holandesa.

Pensado para ejecutivos que busquen un momento de relax, el sótano del hotel lo ocupa un spa presidido por un gran jacuzzi de teselas rojas. El centro wellness incluye sauna, salas de masajes y baño turco. Es posible disfrutar de una habitación doble a partir de 145 €/noche (en el caso de las suites, desde 260 €), con el desayuno incluido. Descubrirá un rincón español diferente para una escapada de negocios a Hungría.

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