27 de noviembre de 2011

Nombrar las fuentes

Uno de los debates más interesantes en el mundo del Periodismo actual es cómo debemos considerar a las personas que, en vez de ejercer como periodistas tradicionales, lo hacen desde tribunas personales como un blog o una cuenta de Twitter o Facebook. ¿Son también periodistas o eso sólo se puede reservar a los licenciados y a los que ejercen como tales? ¿Un blog es un medio de comunicación, como sí lo es una web que basa su existencia en la publicidad y el aporte económico directo de sus lectores?

Por supuesto, sobran matices como para saber que la respuesta no puede ser ni 'Sí' ni 'No', sino un rotundo 'Depende'. Lo que sí es cierto es que estas bitácoras son cada vez más tenidas en cuenta como fuente de consulta. Eso sí, al igual que ocurre con la Wikipedia, hay que tomárselas con cautela. No creo que me olvide nunca de lo que le pasó al periodista que dio por buena una historia inventada por Mocho Mochez sobre una ópera. Como no la contrastó, metió la pata hasta el fondo.

Pero hay campos, como el de la moda, en el que esos blogs sirven también como referencia, como ideario, como recordatorio de detalles, de piezas de otras temporadas, de un trabajo exhaustivo que los amantes de 'lo fashion' realizan a diario. Si a nadie se le ocurriría plagiar un reportaje de otra revista y no nombrarlo (alguien con escrúpulos, claro), ¿por qué hay muchos que copian blogs? ¿No sería mucho más correcto nombrar al autor de ese blog como fuente? Y si no se quiere nombrar al blog como tal, sí al menos a su responsable, que es el que ha destinado tiempo, esfuerzo e incluso a veces dinero para hacerlo posible. Si se le ha copiado es porque se le considera un experto, ¿qué problema hay entonces para nombrarlo como tal en un artículo? Todos sabemos que un artículo queda mucho mejor cuantas más fuentes intervengan en él, ¿por qué no optar por una opción en la que todos ganan? El periodista, un texto rico, interesante y deontológicamente intachable. El bloguero, respeto y admiración por su trabajo, que además es publicitado y referenciado como notable.

Pero como en el mundo de la moda las cosas son aún más complicadas que en otros sectores, faltaba rizar el rizo. Lo habitual, según me cuentan personas que han sido vilmente copiadas tanto por revistas de grupos editoriales importantes como cabeceras de tres al cuarto, webs comerciales, otros blogs e incluso editoriales literarias; es que la persona copiada sufra una especie de mordaza que le impide quejarse. Si lo hace, recibe todo tipo de improperios, así como, independientemente de que se aporten pruebas, una negativa de los demás a aceptar lo evidente. ¿No es este tipo de fanatismo hasta peligroso? Si, por poner un ejemplo, Smoda 'se inspira' vilmente en tres entradas de una bloguera para escribir un artículo. ¿No estaría la chica en su derecho de denunciarlo? Se ve que, tal como están las cosas, no; que o ajo y agua, o que se alegre de que "se fijan en su trabajo, lo cual es un honor". Pues menuda mierda.

Al César, lo que es del César. Y al bloguero, su mención como experto, que para eso lo es hasta el punto de que usamos lo que escribe para enriquecer nuestros textos. Otra cosa es engañarse. Y no hay más ciego que el que no quiere ver.
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