23 de diciembre de 2011

Artesanía alpina

Lech es un pequeño pueblo de los Alpes austriacos que no supera los 1.000 habitantes. Sin embargo, su estación de esquí es capaz de recibir cada invierno a un millón de personas. Muchos aprovechan la visita para encargar unas Strolz, las mejores botas de esquí artesanales del mundo y las más cómodas. ¿Su secreto? Pasión por el deporte blanco, los mejores materiales y un equipo de profesionales capaces de crearlas en apenas 12 horas, una vez escaneado y analizado el pie del deportista, que pagará entre 700 y 800 €, según el modelo por el que se decida.

La historia de la firma corre paralela a la de la familia que aún la regenta. En 1921, Ambros Strolz funda un humilde negocio de botas de cuero para los esquiadores de la zona. Su hijo Martin sigue sus pasos, pero se especializa en zapatos ortopédicos al tiempo que desarrolla otra de sus pasiones: el esquí, que le llevará a formar parte del equipo nacional austriaco. Con sus conocimientos de zapatería adaptada, confecciona sus propias botas de competición, con las que se proclamará campeón de Descenso en los Mundiales de 1954. Años después, en las Olimpiadas de Chamonix’62, su compatriota Egon Zimmermann ganaría la primera de sus medallas de oro calzando unas botas a medida confeccionadas por Martin. Nacía así una leyenda a la que se le encomendó dotar a todo el equipo del país alpino (en Innsbruck'64 se hicieron con siete metales olímpicos), periodo en el que introdujo las primeras botas de plástico de competición, material que sustituyó al cuero. El primer modelo de esta nueva era, llamado precisamente Competition, estuvo listo en 1969 y, como los anteriores, seguían realizándose a mano, analizando al milímetro el pie del esquiador.

Más que botas. La pasión de los Strolz no se limitó a los zapatos ni siquiera cuando las Galerías Lafayette, en los años 30, empezaron a encargar modelos que vendería con éxito en la capital francesa. Junto al taller, fundan en 1931 una pequeña pensión de nueve habitaciones a la que llaman House nº 106, y que irán ampliando poco a poco en los últimos 80 años hasta configurarla en lo que es hoy: todo un centro de ocio dedicado al deporte blanco. Allí no sólo es posible alojarse en lo que se ha convertido en un establecimiento de categoría (hubo una remodelación completa en 2008 para convertirse en hotel boutique), sino también comprar las mejores colecciones de nieve e invierno de las firmas de lujo (Bottega Veneta, Fendi, Moschino, Gucci...), sin olvidar la fabricación de las famosas botas de competición. "Aunque siempre nos hemos inspirado en las boutiques de lujo de Milán, Nueva York y París; y procuramos aplicar lo mejor de ellas en el negocio, nos tratamos de mantener fieles a nuestro estilo familiar. Mi madre me enseñó que ahí estaba el secreto del éxito", afirma Ambros Strolz, uno de los cuatro nietos del fundador que trabajan hoy al frente de la firma.

Ellos se incorporaron al negocio en 1986, pero no fue hasta 1990 cuando Martin les cedió el mando. De la parte más importante (el diseño y el desarrollo de la botas) se encargaría su hijo Hannes, quien comandaría el que a la postre sería el tercer gran paso en la historia del negocio: tras la incorporación del plástico, la integración de una nueva especialidad deportiva: el snowboard, así como el interés cada vez mayor por la moda y las tendencias. No lo podía evitar, además de su formación como zapatero ortopédico (siguió los pasos de su padre), Martin se graduó como diseñador gráfico en Munich. Allí aprendió las herramientas que le permitieron combinar la tradición familiar con lo que se esperaba de una marca de botas de esquí a finales del siglo XX, una fórmula que transmitió a sus artesanos, algunos de ellos con más de 30 años de antigüedad en Strolz.

Suyo es el desarrollo de los cuatro modelos de botas que venden actualmente. Aunque a simple vista son muy parecidos, con anclajes especiales tanto en el empeine como en el pie, sus formas están adaptadas al tipo de esquí y, sobre todo, al nivel de riesgo que se quiera adoptar sobre la nieve. Por un lado, las Sportive y las SMW están orientadas a la práctica habitual, mientras que las Race y las Freeride son para corredores y esquiadores de estilo libre, respectivamente.

Cumpleaños. Este invierno, la familia Strolz celebra los 90 años de la fundación de la zapatería. Los miembros de la tercera generación creen que si hoy son una referencia mundial se debe, entre otros factores, a su capacidad para mantenerse unidos. "No sólo con los descendientes, sino también nuestros empleados. En estas décadas hemos contado con un equipo dedicado y entusiasta. Su fidelidad es lo que nos ha permitido estar orgullosos", afirma otro de los nietos, Daniel Strolz. Con la cuarta generación preparándose para tomar el relevo, la firma demuestra estar más en forma que nunca. Venden más de 12.000 pares anuales, el doble de los que confeccionaban en 1968, y la cifra no deja de crecer.
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