13 de febrero de 2012

La nueva Ruta de la Seda

La ruta de la seda unía en el Medievo la región china de Xián y la actual Turquía. Más de seis siglos después, ese camino nace en Brasil y acaba en Lyon, donde se encuentran los talleres de Hermès especializados en la creación de sus famosos pañuelos y corbatas. En el país carioca se obtienen desde hace 75 años los capullos de seda, de una calidad superior a la que ofrece actualmente China (los gusanos se alimentan sólo de hojas de moreras, en zonas alejadas de toda contaminación). Serán necesarias 600 de estas pequeñas bolas para crear un pañuelo, y de cada uno de ellos se extraerán 1.500 m de hilo.

La elección de la capital del Ródano fue clara, ya que es la cuna de la tradición de la seda francesa. En los pequeños talleres del artesano Marcel Gandit fue donde se creó el primer carré de la firma. Corría el año 1937 y el estampado era un homenaje al Omnibus, un juego de sociedad de la época. A partir de entonces, centenares de dibujos cobraron vida (especialmente a partir de 1948, cuando la fábrica pasa a ser propiedad de Hermès), a un ritmo de 20 modelos por semestre que aún se mantiene.

El proceso de creación de un pañuelo Hermès es largo y, sobre todo, laborioso, ya que dura al rededor de dos años y participan en él hasta 800 personas. Los artistas tienen libertad total para crear sus dibujos y no son pocas las ocasiones en las que la propia familia Dumas, propietarios de la marca, invitan expresamente a un diseñador a que participe de este universo de la seda. Uno de los últimos casos fue el de Kongo, un grafitero francés cuyos diseños se agotaron al poco de ponerse a la venta (la maison mantuvo los precios habituales de los pañuelos: 310 € los de seda y 500 los de cashmere).

Paso a paso. La confección de un carrè consta de cuatro grandes etapas: grabado, planchas, color y estampado. Los equipos de estas áreas trabajan de forma conjunta, así como con el creador del dibujo y con un comité de selección que escoge los diseños finales (la última palabra la tiene Pierre-Alexis Dumas, responsable artístico de la firma y tataranieto del fundador de Hermès).

El más importante es precisamente el grabado, ya que su trabajo determinará el número de colores y, por consiguiente, de planchas, que necesitará cada pañuelo. Una vez llega el diseño, se realiza una infografía y se crea una copia a mano con tinta china. Un artesano descompone el dibujo en capas y lo estudio para analizar y listar el número de tonos necesarios, que suelen ser menos que el dibujo original, al evitarse algunos degradados (no todos). Sobre plantillas de poliéster, el resultado, una vez superpuestas, es un gran cuadro negro. Lo habitual es que un carré tenga una media de 30 colores, lo que implica 700 horas de trabajo para los grabadores. En casos especiales como el pañuelo Apache, con 45 tonos, alcanzando las 2.000 horas, es decir, 12 meses.

Esas láminas de poliéster, una vez escaneadas, son las que servirán para hacer las diferentes planchas que teñirán la seda. Cada una de éstas se prepara midiendo la torsión de la tela, en grandes marcos de metal. Se realizan con una emulsión fotosensitiva azul que capta la luz y que tardan media hora en secarse. Hacen las veces de un negativo de carrete fotográfico y se trabaja con ellas como con los antiguos clichés, es decir, positivando. Desde 2007, además, una máquina aplica cera a chorro sobre estos cuadros, sobre los que aplica 5.000 watios de luz durante 2 minutos para lograr la plancha definitiva.

La elección de los colores de cada pañuelo no es tarea fácil. Hay 75.000 tonos disponibles y de cada modelo se hace una docena de variedades. También de las corbatas, que necesitan de entre dos y 15 colores por diseño. Un equipo de tres personas los escoge en un despacho lleno de cartas de color, y serán reproducidos y mezclados en cubetas en un espacio al que llaman la cocina. Una vez logrados esos colores, grandes máquinas de teñido van pasando las planchas por la seda. El resultado son lías de tela arcoíris que, una vez cortadas, se mandarán a un taller especial para rematar los pañuelos a la francesa, es decir, con los bordes hacia afuera. Es uno de los rasgos distintivos de Hermès, que no suele reeditar sus diseños aunque sean éxitos de ventas, por lo que sus clientes tienen la seguridad de que compran piezas irremplazables.
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