20 de abril de 2012

La carrera de la nostalgia

Monte Carlo se prepara para acoger pasado mañana el pistoletazo de salida de la Serenissima Run, una carrera de coches clásicos que cruzará los Alpes desde la capital monegasca hasta Venecia. El recorrido, que concluye el 29 de abril, prevé paradas en las grandes mecas del lujo de la cordillera: estaciones de esquí como Chamonix o Megève, los hoteles de cinco estrellas que circundan el lago Como o el propio Casino de la ciudad Estado. Un itinerario a la altura de quien hace posible el acontecimiento: la firma Louis Vuitton.

La maletera francesa se confirma como uno de los principales mecenas del espectáculo de los coches antiguos. Su iniciativa ha hecho posible carreras legendarias en las últimas dos décadas, bien conectando Singapur y Kuala Lumpur (1995), el puerto chino de Dalian y Pekín (1998) o Budapest y Praga (2006), por citar algunos ejemplos. "Con la de este año, son siete los rallies que hemos organizado. Es el modo con el que rendimos tributo a la relación tan estrecha que ha existido siempre entre la firma y el mundo del automovilismo, ya con la creación de nuestros primeros baúles en 1897", explica Yves Carcelle, presidente y consejero delegado de Louis Vuitton.

El evento comienza con un desfile de los 43 vehículos participantes frente al Gran Hotel de París de Montecarlo. Un encuentro que permitirá viajar a los asistentes 100 años al pasado, ya que la mayoría de los automóviles fueron construidos durante el primer tercio del siglo XX. "El reto era conseguir un recorrido único en una región que siempre ha sido un escenario muy especial para los viajeros", prosigue Carcelle. Al mismo tiempo, es un guiño a Italia, país en el que se ha volcado con creces la firma en los últimos tiempos, con la apertura, entre otras acciones, de una gran tienda en Milán. "El nombre de la carrera, Serenissima, se debe a que era así como se conocía a Venecia durante la Edad Media, gracias a sus amplios periodos de estabilidad política", explica el presidente. En total, cada vehículo recorrerá 1.400 km por carreteras de montaña, la mayoría secundarias, para no entorpecer la circulación general.

Tradición. La relación entre la familia Vuitton y el universo del motor la inició Georges, hijo del fundador, en 1894. Su pasión por las cuatro ruedas nació en 1894, cuando de niño acudió como espectador a la carrera París–Rouen. El primer baúl pensado para el maletero de un vehículo de los de entonces no tardó mucho en llegar. Fue en 1897 y se adaptaba a las firmas punteras del momento: Bugatti, Kellner y Rolls–Royce.

Los hijos gemelos de Georges, Jean y Pierre, heredaron de su padre esta afición. Fue el acicate perfecto para que la maison creara una completa línea de accesorios y bolsas de viaje pensadas para conductores. Aún hoy el catálogo de Louis Vuitton cuenta con diferentes productos relacionados con el motor, así como maletas que encajan a la perfección en la parte trasera de un vehículo, como la colección que presentó hace dos años para la firma Infiniti.

El cuidado que pone la organización por respetar la esencia de las carreras de la primera mitad del siglo XX se demuestra en todos los detalles. Así, son muchos los participantes (este año serán 90, casi tres por vehículo, llegados de los cinco continentes) que se montan en sus coches ataviados a la usanza de aquellos pioneros de la carretera. Del mismo modo, Louis Vuitton encarga para cada carrera la creación de un cartel conmemorativo de aspecto vintage, donde prima el dibujo artístico. El de este año consta de dos estampas: por un lado, una de Mónaco, la fachada del casino; y, por otro, una vista característica de Venecia: la isla de San Clemente desde un embarcadero de góndolas. Ambas separadas por una recreación de la cordillera de los Alpes.

Una de las pequeñas localidades por las que pasará la Serenissima Run es Fiesso d’Artico. "No es casualidad. Se trata de la cuna del zapato artesano italiano, el corazón de una industria donde Louis Vuitton estableció su taller en 2009", concluye Yves Carcelle.
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