13 de abril de 2012

Un clásico imperial

El 'boom' del minimalismo y la apertura de hoteles de diseño contemporáneo obligó a los establecimientos clásicos a reconfigurar su oferta para evitar una imagen rancia que les privara de nuevas generaciones de clientes. Sin embargo, el funcionalismo no es enemigo del lujo tradicional. Buen ejemplo de ello es este hotel emblemático de París, un cinco estrellas en pleno centro histórico que se ha adaptado al siglo XXI sin perder el toque 'imperial' que se espera en los grandes establecimientos de la capital gala (fundado en 1835, se considera el primer hotel de lujo de la ciudad).

En Le Meurice, la opulencia no se limita a las zonas públicas del hotel. Cada una de las siete plantas del edificio cuenta con un estilo característico, un total de 160 habitaciones decoradas en un estilo que recuerda al Luis XVI, con profusión de dorados y tonos marfileños, amplios cortinajes y camas de gran tamaño. Sus cuartos de baño de mármol con bañera y ducha se encuentran a la altura del resto de la estancia, que no olvida la época en la que nos encontramos: el acceso de alta velocidad a Internet o la televisión por cable son algunos de los rasgos que nos recuerdan que no estamos en el Versalles de los Borbones y Bonapartes.

Hay 45 suites, la mayoría con ventanales que dan directamente sobre el Jardín de las Tullerías y bonitas vistas del paisaje urbano de París. Destaca especialmente la suite Marco Polo, en la sexta planta: un apartamento con una exótica decoración que evoca los trayectos del famoso viajero veneciano del siglo XIII. Eso sí, si prefiere disfrutar de las mejores vistas, su opción sería la suite Belle Étoile, en la séptima planta, con una inmensa terraza que le permitirá todo tipo de panorámicas parisinas. Hospedarse es posible por 3.500 €/noche (la habitación doble cuesta 500 €).

Relajación. Con una situación estratégica (a un paso de El Louvre, la Ópera y la Place Vendôme), Le Meurice no sólo se preocupa de que sus clientes cultiven su lado cultura, sino también su espíritu. Para ello cuenta, en la entreplanta, con un spa decorado con mármol, madera, piedra y cristal. De los tratamientos se encarga la firma suiza Valmont, que se apoya en los productos de las termas de Saint-Malo (Bretaña).

Otra invitación a cuidarse es la que proponen sus maestros cocineros. La pastelera Camille Lesecq presenta cada día dos pasteles únicos para la hora del té y el hotel ha llegado a un acuerdo con Tiffany para, quienes lo deseen, puedan incluir una de sus joyas en el famoso pastel Galette des Reines, una institución culinaria de chocolate. Además, Le Meurice cuenta con un restaurante con tres estrellas Michelin de alta cocina francesa, cuyo comedor, con una magnífica decoración inspirada originalmente en el Salon de la Paix del Palacio de Versalles, fue reinterpretado por Philippe Starck en 2007.
Publicar un comentario