22 de junio de 2012

En buenas manos



Millau es una pequeña ciudad del Aveyron, al sur del Macizo Central francés, famosa por ser la capital de la industria artesana del guante. Allí, en 1892, los hermanos Paul, Jules y Henri Causse deciden dejar de trabajar para otros y fundar su propia manufactura, que bautizan con el apellido familiar. Apenas cinco años después, el primero se queda solo al frente del negocio, al emigrar a Estados Unidos sus dos hermanos. Hoy sus herederos mantienen la que se ha convertido en la única firma que realiza todo el proceso de fabricación en la ciudad, una ‘superviviente’ que ha hecho de la exclusividad su carta de presentación internacional.

Al principio, la especialidad era el guante de trabajo, pero a medida que estos artículos se empiezan a solicitar como complementos de moda, cambian el esquema de producción y abandonan su faceta industrial. "Desde su nacimiento, la evolución de nuestra marca ha ido paralela a las necesidades y demandas del mercado. Lo único que no ha variado ha sido la calidad, que tratamos que sea siempre la mejor", explica Olivier Causse, bisnieto del fundador, co-propietario y responsable de Producción.

Fue su abuelo Jean (segunda generación) quien revolucionó el perfil de Causse Gantier. Gracias a acuerdos de investigación con Michelin, suya es la patente de los guantes perforados, otorgada en 1955, así como la confección de colecciones que las estrellas de Hollywood se encargaron de popularizar por todo el mundo. Los pedidos llegaban de los principales comercios de París y Nueva York, pero la producción, al ser 100% manual, era limitada, un factor logístico que convirtió a los guantes de la maison en auténticos objetos de deseo.

Artesanos. Actualmente en Causse trabajan 30 personas, la mayoría con décadas de experiencia como Brigitte Fastré, jefa del taller de costura desde hace 32 años. Por sus manos y las de sus compañeras pasan anualmente alrededor de 20.000 pares de guantes, lo que representó un volumen de negocio de tres millones de euros en el año 2011. La crisis, por ahora, no se nota demasiado. "Los pedidos han experimentado una pequeña subida desde 2008 gracias a los mercados emergentes y a la firma de acuerdos con las principales firmas de lujo", prosigue el bisnieto del fundador. Esta línea de trabajo como proveedores es la que ha catapultado la fama de Causse Gantier. Ser la manufactura elegida por Gucci, Yves Saint Laurent, Chanel, Loewe, Louis Vuitton y Hermès para confeccionar simultáneamente sus colecciones de guantes no ocurre por casualidad. El primer acuerdo fue con YSL y Gucci en 1995, aunque el espaldarazo definitivo llegó en 2000 con Chanel.

En Millau nació el famoso modelo con los dedos cortados en la tercera falange que luce desde hace más de una década Karl Lagerfeld, director creativo de la casa francesa de moda. "Sólo se confeccionan para él. No pueden formar parte de ninguna colección", explica Manuel Rubio, director creativo de Causse junto a su esposa Nadine Carel. Francés de origen español, se encarga tanto de las colecciones para firmas externas como la que se confecciona bajo su propio sello, a la venta en tiendas multimarca y en la boutique que abrieron en 2007 en la rue de Castiglione de París, a un paso de la Place Vendôme. "Sólo para Chanel realizamos ocho colecciones al año, lo que incluye las dos de Alta Costura. Cada mes y medio se desarrolla toda una línea de prototipos nuevos para ellos", prosigue Manuel.

Exclusividad. El reto al que el matrimonio se enfrenta a diario es lograr cada semestre una colección propia que sea representativa y diferente de las que desarrollan para las otras firmas. "El diseño de un guante permite mucha libertad de creación, incluso en líneas masculinas. Nosotros contamos con modelos básicos, que apenas se han modificado en la última década, y a éstos les añadimos dos colecciones que varían cada año. Nos gusta revisitar clásicos, que sean una especie de joyas para las manos, de ahí que cada par lleve mucho trabajo", continúa.

En la colección propia están presentes materiales como el nobuk, el terciopelo, la napa teñida en inmersión o algunos poco habituales como la piel de pecarí, un jabalí de la región del Amazonas del que se consigue un cuero más grueso que el del cordero y que es cuatro veces más caro. En las líneas masculinas, además, se encuentra la piel de ciervo; y no faltan clásicas como la de reptil. "El cuero que se usa en un guante no se puede volver a teñir, como ocurre con el de los zapatos, porque pierde calidad, de ahí que haya que vigilar constantemente la uniformidad del color", explica Olivier Causse.

El proceso de fabricación sigue casi los mismos parámetros que hace un siglo. "Un cortador puede realizar entre 15 y 18 pares de media al día. Contamos con cuatro en plantilla y cada uno de ellos apenas necesita un patrón, una mesa y unas tijeras de 30 cm de largo y medio kilo de peso para trabajar. Por cada uno de ellos hay tres costureras que unen las piezas", prosigue Olivier. Para crear un par en piel de cocodrilo, por ejemplo, un experto excogerá un mínimo de tres planchas de cuero.

De cada modelo de la firma se fabricará una media de 500 pares, repartidos en diferentes tallas. Así, aunque no se consideren ediciones limitadas (en esos casos, no serían más de 50 los que confeccionarían), siguen siendo piezas prácticamente exclusivas, un signo de distinción que se mantiene inalterable 120 años después de la fundación de la firma.
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