20 de julio de 2012

El maestro de los aromas



Hijo, hermano y padre de perfumistas, Jean-Claude Ellena (Grasse, 7 de abril de 1947) es una institución en el mundo de las fragancias y, al mismo tiempo, una rara avis. A diferencia de contemporáneos como Serge Lutens, el francés nunca quiso volar en solitario y fundar una firma con su nombre. Lo más parecido fue la aventura que emprendió en el año 2000 con su hija Cèline y Thierry de Baschmakoff. Entre los tres crearon The Different Company, una casa de perfumes de altísima gama.

Tampoco es que le haga falta independizarse. Actualmente es el creador de las fragancias de Hermès, donde ha desarrollado éxitos como Voyage, Terre o la familia Hermessence. Allí se siente como en casa y su relación con la firma es magnífica. Goza de total confianza por parte del presidente, Patrick Thomas, lo que le permite trabajar sin límites. "No me preocupo nunca del precio de los ingredientes con los que elaboro mis fragancias, porque sólo me importa conseguir lo mejor. Hace poco, quise reintroducir la lavanda, y es fácil encontrar esencia de esta flor en el mercado, pero no la concreta que yo buscaba. Localicé una pequeña compañía que ofrecía esa mayor calidad, pero a un precio 100 veces más caro. Fue al final la elegida. Sé lo que hago", afirma el perfumista con medio siglo de experiencia.

Nuestra cita con él es en el botánico Albert Kahn, un vergel a las afueras de París donde se ha creado un ecosistema a escala de un jardín japonés, así como una de las rosaledas más impresionantes de Francia. Rodeados de flores y aromas, es complicado no inspirarse. “No tengo un ingrediente fetiche. Para mí, cada uno de ellos es como una palabra y escojo, como un escritor, las que me vienen bien según el resultado que busque en ese momento. De hecho, no uso la rosa, por ejemplo, para conseguir una fragancia que huela igual que la flor, sino para que ésta aporte sus propiedades al resultado final”, explica.

A veces, estas palabras no están en el vocabulario tradicional de los perfumistas. Jean- Claude fue el primero en introducir el tomate en una fragancia de alta gama. "En 1976, Hubert d’Ornano me pidió que creara Eau de Campagne para Sisley. Quería una fragancia que evocara el olor del campo francés y me inspiré en el Mediterráneo. Tenía a mano tomateras con un gran aroma y pensé que sería interesante que formaran parte de la colonia. Cuando se lo presenté, le encantó y aún hoy está a la venta". Años después, en 1993, sería también el primero en utilizar el té en un perfume. Fue con el Eau Parfumée au Thé Vert de Bvlgari, que sigue siendo un éxito de la firma joyera. "Nunca he creado una fragancia que no pensara que pudiera mantenerse mucho tiempo en el mercado. En ese sentido me comparo con un pintor o un arquitecto, porque mis obras se hacen con la intención de que perduren", prosigue. "Cambia la sociedad, el modo con el que miran un aroma, pero éste se ha de mantener siempre igual desde el primer día".

Ellena no mide el éxito de una fragancia por el número de frascos vendidos, sino "porque ésta tenga mucho que decir. Cuando hueles una colonia y no te aporta nada, e incluso te aburre, no va a ningún lado. Desde el punto de vista de su creador, es un fracaso, porque la gente quiere identificarse con un aroma y hacerlo suyo, y para ello necesita herramientas que le permitan organizar una historia a su alrededor", explica.

Es por ello que el francés se declara enemigo de cómo los departamentos de Márketing de las grandes corporaciones imponen sus reglas en el mundo de la perfumería. "Han generado un grave problema porque han creado un sistema en el que las fragancias apenas duran en el mercado y en el que se impone la necesidad de lanzar nuevas etiquetas cada poco tiempo". Se lleva las manos a la cabeza cuando le preguntan por el hecho de que hayan aparecido en las tiendas hasta 10 fragancias masculinas con el nombre Sport en el frasco, coincidiendo con las Olimpiadas de Londres. "Encontrarse con algo así es un desastre. Es la política que se lleva a cabo cuando sólo se trata de hacer dinero. No venden perfumes, sino productos. No diferencian una colonia de una crema de afeitar".

No sólo critica el oportunismo de los lanzamientos, sino también que se presenten fragancias poniendo el acento en aspectos ajenos al aroma. "Basar la creación de una colonia, por ejemplo, en que sea la que más ingredientes utiliza del mercado es un error. A la larga, se queda en nada".

En ese sentido, se considera un afortunado. "Cuando comencé en Hermès, le exigí al presidente que no quería ninguna injerencia de márketing. Sólo Catherine Fulconis –directora general de la división de Perfumes– y yo decidiríamos sobre las fragancias que se crearan". Esta fórmula de trabajo no les ha ido nada mal. Con no más de tres nuevas referencias al año, el área de negocio de fragancias incrementó sus ventas un 16% en 2011. Ingresó 159 millones de euros, el 6% de las ventas totales de la maison.

Metáforas. Cada perfume que sale de su taller cuenta su propia historia. “Es una necesidad que nació a principios del siglo XX. El arte, y para mí la perfumería lo es, comenzó a razonar por qué se hacía una obra. No se trataba sólo de cuestiones estéticas, sino de proponer algo al público y que éste reaccionara ante su trabajo”.
Otro aspecto que le diferencia de sus colegas es que no se involucra en todos los detalles de cada nueva etiqueta. No considera que tenga algo que decir sobre el frasco o sobre la distribución. "Se le encarga a gente con mucho talento y prefiero dar mi opinión sólo de aquello de lo que realmente sé". Sus lecciones no son un secreto gracias a su libro Le parfum (2007), editado sólo en francés y en el que resume y explica toda su sapiencia a las futuras generaciones de perfumistas. "Deben saber que la Naturaleza es un pretexto, un punto de partida. No se trata de replicar los aromas que ya tenemos en ella, sino de interpretarlos para conseguir que se conviertan en un símbolo". La mejor herramienta, la memoria olfativa. "Es la que hace de un nariz quien es. De ella parten todas las decisiones que crean un aroma determinado".

Su última fragancia llegará a principios de la próxima primavera. Sólo unos pocos han tenido el privilegio de olerla. Fue durante una reunión a principios de este mes en París. Tras la misma, algunos de los presentes aseguraron que era tan "perfecta" que convertiría al maestro en leyenda. Un estatus que, para muchos, hace tiempo que adquirió.

13 de julio de 2012

Vuelta al campus

Al poco de su fundación en 1949, Gant revolucionó la industria camisera norteamericana gracias a la introducción de detalles como los botones en las solapas y la parte posterior del cuello o la trabilla trasera. Los estudiantes de la Universidad de Yale fueron algunos de los primeros en vestirlas, ya que tanto la firma de moda como la institución académica eran vecinos de New Heaven, en Conética. En el campus, durante la década de los 60, lo habitual era que los estudiantes compraran su ropa, los libros y un sin fin de artículos para el día a día en una tienda llamada Yale Co-op, para la que Gant realizó una colección exclusiva que se vendió durante esa década. Ahora, medio siglo después, celebra la efemérides con el lanzamiento de esa misma línea de camisas, fiel al acuerdo que se adoptó en su día con la Oficina de Marketing y Registro de Patentes de la Universidad.

Han sido alumnos y profesores los que han participado en la campaña de publicidad de esta colección, que sólo se podrá adquirir en las tiendas oficiales de Gant, con un precio que oscila entre los 100 y 120 €. Confeccionadas en un algodón ligero tipo Oxford, la docena de diseños presentan rayas y cuadros de todo tipo de colores y tamaños. Es posible encontrar desde modelos muy sobrios, las que vestían alumnos de corte más conservador y que crearon la imagen bucólica de la Ivy League americana, a otros muy coloristas, que recuerdan a las que llevaban los estudiantes más inconformistas que protagonizaron los cambios que llevaron a una mayor apertura de Yale a finales de los 60.

Comparada con las líneas de camisería actual, bien se pueden decir que por estas prendas no pasan los años, ya que en ningún momento se las podría calificar como 'vintage'.