28 de agosto de 2012

Calidad y belleza en una imagen



A la hora de crear una campaña publicitaria, las firmas de lujo deben jugar bazas diferentes a las marcas de gran consumo. Por un lado, están obligados a ser elegantes, porque el lujo no se entiende si no hay elegancia. Puede ir acompañada de sofisticación, que sería lo ideal, pero no tiene por qué, ya que está bastante extendido el concepto del lujo 'rancio', con abolengo o flema, según le quieran llamar. Es por ello que no vale cualquier cosa (como se pudo comprobar con el caso de Loewe y sus bolsos de napa dorada y asas color flúor; por cierto, aunque éste ha sido el que más repercusión mediática ha tenido, no es el único gran desacierto de la firma. De hecho, yo pondría a la cabeza de todos los desatinos su campaña de la fragancia Aire Loco).


Otro requisito necesario es que la campaña sea bonita. No es una ONG, no tiene por qué basarse en imágenes crudas. Cuidar la belleza de lo que se expone tendrá una relación directa con el producto, ya que el espectador lo admirará como tal. Para ello, qué menos que demostrar buen gusto. Es por ello que me encanta todo lo que sale de la firma Hermès. Desde su revista-catálogo semestral a las invitaciones para eventos, pasando por el más insignificante sobre. Todo está cuidado con una maestría colosal y una imagen de marca en el que el lujo es indudable, al igual que la calidad y la belleza. La última que he podido ver me ha dejado sin palabras.




27 de agosto de 2012

Nueva etapa, nueva imagen

Con la llegada del nuevo curso académico, es tiempo de hacerse con nuevas carpetas, cuadernos, bolígrafos... el material que nos va a acompañar durante muchos meses. Precisamente porque nos toca trabajar con él durante todo ese tiempo, es importante que éste sea bonito, que nos guste. Es más o menos lo que le ha pasado a este blog, que quiere dar la bienvenida a septiembre con una nueva cara, coincidiendo además con su inclusión dentro de la plataforma de currículum y consultoría de estilo de vida, lujo y comunicación Diez Dracmas, de la que soy creador.

¿Qué mejor imagen que los clásicos? La nueva cabecera es un homenaje a las dos calles de la sastrería por excelencia: Savile Row y Jermyn Street, en Londres. Por supuesto, no podía faltar tampoco un guiño a Copenhague. Mi 'otro hogar' es capital mundial de la vanguardia y el diseño, pero ya hace cien años rompía moldes, como se puede ver en la imagen de principios del siglo XX que acompaña al título.

Nuevos aires y muchas ganas de hacer cosas interesantes. No hay mejor cóctel. Espero que os guste esta nueva época.


6 de agosto de 2012

El quinto sentido de una cena

Cuando te invitan a una cena o a una comida en casa de algún amigo, lo habitual es que lleves el vino o el postre. Sin embargo, estas dos opciones no siempre están exentas de controversias. Con el vino, por ejemplo, suele ocurrir que llegue a una temperatura 'del tiempo', por lo que no esté listo para servir (en el caso de los blancos) o que no todos los comensales quieran tinto y no merezca la pena abrir la botella para una o dos personas. Con el postre, hay quienes se consideran 'poco amantes de lo dulce' y prefieren terminar la cena con un café, o que el ágape sea tan exagerado que se llegue sin hambre y sin ganas, por lo que al final nadie toca el presente.

Así, a mí me gusta optar por una tercera vía, que es más sofisticada y que pocas veces desagrada: la vela de hogar. Además, muchos anfitriones prefieren servir su vino y su postre, por lo que todos contentos, porque tú llevas 'el olor' de la velada. Además, como no se va a consumir en esa ocasión, dejas un presente que durará semanas a tu anfitrión.

Las más conocidas, y nada baratas, son las de Acqua di Parma y Dityque, aunque el grado de sofisticación y/o cutrerío dependerá de cada uno. Si queremos darle un toque 'chic', están las velas de Tocca y las complejas de encontrar de Guerlain. Tampoco faltan las rotundas de Castelbel, fabricadas en Portugal, o las de Oliver & Co, realizadas con cera española. Lo que no recomiendo es llevar algunas que venden en supermercados de marca blanca o en Ikea, ya que apenas huelen una vez las enciendes y casi que te obligan a llevar otro obsequio para no quedar mal. Para eso, mejor volver al vino o a la tarta helada.