28 de agosto de 2012

Calidad y belleza en una imagen



A la hora de crear una campaña publicitaria, las firmas de lujo deben jugar bazas diferentes a las marcas de gran consumo. Por un lado, están obligados a ser elegantes, porque el lujo no se entiende si no hay elegancia. Puede ir acompañada de sofisticación, que sería lo ideal, pero no tiene por qué, ya que está bastante extendido el concepto del lujo 'rancio', con abolengo o flema, según le quieran llamar. Es por ello que no vale cualquier cosa (como se pudo comprobar con el caso de Loewe y sus bolsos de napa dorada y asas color flúor; por cierto, aunque éste ha sido el que más repercusión mediática ha tenido, no es el único gran desacierto de la firma. De hecho, yo pondría a la cabeza de todos los desatinos su campaña de la fragancia Aire Loco).


Otro requisito necesario es que la campaña sea bonita. No es una ONG, no tiene por qué basarse en imágenes crudas. Cuidar la belleza de lo que se expone tendrá una relación directa con el producto, ya que el espectador lo admirará como tal. Para ello, qué menos que demostrar buen gusto. Es por ello que me encanta todo lo que sale de la firma Hermès. Desde su revista-catálogo semestral a las invitaciones para eventos, pasando por el más insignificante sobre. Todo está cuidado con una maestría colosal y una imagen de marca en el que el lujo es indudable, al igual que la calidad y la belleza. La última que he podido ver me ha dejado sin palabras.




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