26 de septiembre de 2012

El Vuittón más brillante


Pocas aperturas ha tenido Louis Vuitton más esperadas y complicadas que la de su primera joyería. La puesta en marcha en el número 23 de la mítica Place Vendôme de París de este espacio tuvo lugar el pasado mes de julio tras diferentes retrasos de carácter logístico y un suceso que, durante unas horas, tuvo a la capital francesa en vilo: un incendio el pasado marzo de un garaje de lujo en la misma plaza que necesitó del trabajo de centenares de bomberos. Al final, ninguna joyería se vio severamente afectada, aunque perecieron un buen número de Rolls-Royce, Ferrari, Bentley, Maserati, Lamborghini...

Sustos aparte, la realidad es que la firma maletera ha acertado con la apuesta por una tienda en la que, por primera vez, se puede apreciar en exclusiva su colección de alta joyería. Además, da la casualidad que ésta se encuentra a tan solo unos metros del número 4 de la rue Neuve des Capucines, la dirección en la que Louis Vuitton estableció su primera tienda en 1854.

La intención de la maison es que sus clientes, que ya conocen el cuidado que sus artesanos imprimen en su marroquinería, trasladen éste a sus joyas. Así, ha habilitado el ático del edificio en el que ha inaugurado la boutique como taller principal de todas las colecciones de la firma. Así, las piezas, la gran mayoría únicas y sólo disponibles bajo encargo, se montan y funden a escasos metros por encima de donde se venden. "Nos sentimos orgullosos de que nuestro primer taller de alta joyería se encuentre en la cuna histórica del expertise joyero. Allí los artesanos serán capaces de expresar su talento en toda su amplitud y de producir piezas excepcionales", afirma Yves Carcelle, presidente y consejero delegado de Louis Vuitton.

Muchas de las piezas son fruto de encargos especiales, por lo que la firma prefiere no dar precios. Lo que sí apuntan es que algunas de ellas, confeccionadas con piedras preciosas y diamantes de gran tamaño, pueden llegar a superar el millón de euros. Más asequibles son otros protagonistas del nuevo espacio: los relojes, cuyo precio oscila entre los 2.170 € del Tambour Brun a los 20.600 € del Emprise automático en oro rosa y diamantes.

De la decoración se ha encargado el arquitecto Peter Marino. Éste se decantó por incluir un rico trabajo de marquetería, así como ligeros paneles rosa palo y cuero en las paredes. "Cada pieza de joyería cuenta una historia. De la misma forma, la decoración debe desvanecerse con el fondo, posibilitar el diálogo y el sueño que puede inspirar en el visitante", explica Marino. Dividida en tres plantas, la nueva tienda se quiere convertir en lugar de encuentro de amantes de la joyería de más alta gama.
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