29 de octubre de 2012

Mucho más que lunares



Leo con estupor que Mercedes-Benz va a volver a patrocinar la Pasarela Flamenca de Jerez de la Frontera (Cádiz), pero esta vez incluyendo la marca en el nombre oficial del evento. Y me froto los ojos porque no entiendo este patrocinio más allá de la mera inyección económica. ¿Qué le puede aportar a la casa alemana estar presente en una pasarela de moda tan poco cosmopolita? ¿Que le puede aportar a las firmas de trajes de gitana que Mercedes-Benz bautice con su nombre el evento? Creo que ambas se equivocan. La marca de coches porque no redunda positivamente en la imagen internacional, cercana a las tendencias más glamourosas del mundo de la moda, que busca con los patrocinios de pasarelas como la de Nueva York. Por otro, el mundo del textil andaluz, renunciando a sus valores ante el primer adinerado que pone su fajo de billetes en la mesa. Es como si Gucci patrocinara una verbena popular o como si una cooperativa de artesanos de Ubrique hiciera lo propio en la producción de una película sobre fútbol americano. Sencillamente, no encajan.

No quiero con estas palabras dejar en mal lugar a las pasarelas de moda flamenca. Nada más lejos de mi intención. Me ciño a lo exclusivamente publicitario, ya que creo que estos eventos son los más puros del mundo de la moda en España. Las dos más importantes, las de Sevilla y Jerez, son pasarelas en las que realmente se aprecia la pasión por el trabajo del modisto y el sastre. ¿Qué tiene que envidiar un traje de flamenca bordado a mano en materiales preciosistas a uno de los que sacan cada semestre a desfilar Dior o Chanel en la Semana de la Alta Costura de París? NADA. De hecho, estos encuentros son lo más cercano que tenemos en España precisamente a la Alta Costura parisina entendida como lo que es: trabajo pasional e imaginativo que da una vuelta de tuerca real cada año a lo mismo: la ropa, que en el caso andaluz es a la que se lucirá luego en las ferias de cada ciudad o pueblo y por la que las clientas de esas modistas y firmas pagarán mucho dinero. Quien lo busque en Cibeles, El Ego o Barcelona, se equivoca.

Pero es que, además, hablamos de profesionales que no se venden como algo que no son. Salvo excepciones, son modistos humildes que trabajan con ahínco y pasión los doce meses del año, que no se pueden permitir preparar todo en dos semanas y rematar las costuras mal como en Cibeles para conseguir una subvención. En sus talleres no entra más dinero que el que las clientas dejan cuando compran sus trajes, y no tienen tiempo para diseñar etiquetas de botellas de vino, transportines para perros o llaveros de metacrilato. Como en todo, hay clases y calidades variopintas, pero las mejores merecen un Olimpo que, desgraciadamente en el caso de España, está lleno de personajillos que no lo merecen, que no están dispuestos a ceder su silla y que mirarán por encima del hombro a nombres como Amparo Macia o Rocío Martín, que saben mucho más de costura que lo que ellos jamás aprenderán. Pussar och kramar!

15 de octubre de 2012

El paraíso del tweed



El número 11 de la londinense Savile Row lleva desde 1919 siendo un lugar de paso obligado para los amantes de la sastrería masculina. Allí se encuentra Huntsman, una firma de trajes artesanos cuya historia comenzó mucho antes, concretamente en 1849, cuando Henry Huntsman abre un pequeño local en Albermarle Street. El traslado a la Meca mundial de la confección coincidió con un éxito sin precedentes, cuando su lista de clientes empezó a engrosarse con nombres como el de los reyes Eduardo VII y Jorge V de Inglaterra, lord Mountbatten, Rudolf Valentino, Winston Churchill, Humphrey Bogart, el Maharajá de Jaipur... aunque ninguno comparable con la reina Victoria, que encargó diferentes prendas a finales del siglo XIX (otra de sus clientas fue la actriz Katherine Hepburn, un siglo después).

Hoy la casa ha dejado de ser familiar y pertenece a un grupo de accionistas a los que les une su pasión por la sastrería. Al frente de un equipo de alrededor de 30 personas (entre sastres, cortadores, dependientes...) se encuentran Peter Smith, su director general, y Patrick Murphy, el sastre principal. El primero comenzó como aprendiz en Savile Row a los 16 años. "Mi primer trabajo fue como dependiente en Gieves & Hawkes, en el departamento de Sastrería a medida". Los últimos 19 años ha estado al frente de Huntsman. “Consideramos esta firma como parte de la élite mundial del sector, de ahí que nuestro objetivo constante sea mantener el nivel de calidad”, explica.

Patrick Murphy, por su parte, sigue la herencia familiar, ya que su padre también ejerció de sastre en la casa. "De él aprendí que lo más importante es ser siempre honesto con el cliente. De niño pasé muchas horas viéndole trabajar, me encargaba de engrasar y tener a punto su máquina de coser", recuerda. Su secreto es tratar siempre de innovar. "Hace dos años fabricamos nuestro propio tejido de mohair, que tuvo mucho éxito y cada año presentamos nuevos tweeds. Estar en Savile Row significa que puedes hacer lo que quieras. Tenemos la mejor de las técnicas tradicionales a nuestro alcance, pero también el mundo de la moda y las tendencias gracias a nuestra cercanía con Bond Street. Además, trabajamos en estrecha colaboración con grandes firmas, como la que mantenemos actualmente con Alexander McQueen. Nuestras habilidades, junto con una exquisita comprensión de la moda, permite que podamos crear casi cualquier cosa que se nos pida", prosigue Murphy, para el que su único pesar es que sus clientes tienden a ser quizás demasiado fieles a los cánones clásicos.



Aunque la firma se especializó en ropa de campo y caza, con un impresionante muestrario de tejidos de tweed escocés, la mayoría de los encargos que reciben actualmente son para confeccionar diseños de corte más urbano. "En los últimos años, hemos experimentado un resurgir de los trajes para cazadores", explica Smith. Encargar uno de dos piezas a medida en Huntsman parte de los 5.800 € aproximadamente, y una chaqueta de diseño informal, de los 4.550 €. Cada modelo llevará aproximadamente 85 horas de trabajo y todo el proceso se realiza artesanalmente.

El cliente deberá visitar la sastrería londinense tres veces durante todo el proceso, aunque también es posible que sean ellos los que se desplacen. "A lo largo del año realizamos diferentes viajes a Nueva York, Chicago, San Francisco y Los Ángeles, ya que desde 1932 buena parte de nuestra clientela es norteamericana. A estas citas acuden desde ejecutivos jóvenes que comienzan en el mundo de los negocios como grandes directivos, políticos e incluso estrellas del rock", dice el director general.

En Huntsman cuentan con un amplio catálogo de complementos: bufandas, pañuelos, cinturones, tirantes... Al igual que las chaquetas, algunos pueden confeccionarse a medida. Es el caso de las corbatas. El cliente puede escoger entre más de 30 estampados diferentes, así como que se borden sus iniciales sobre la seda (en el extremo estrecho de ésta, de modo que queda oculta a la vista en todo momento) por unos 210 €.



En la sastrería ven el futuro con optimismo. "Estoy convencido de que nuestra empresa va a continuar creciendo como hasta ahora. No hemos dejado de atraer a jóvenes aprendices que se forman en nuestros talleres para convertirse en sastres y cortadores, algo vital para que esta industria funcione", explica Smith. La sastrería forma parte de la Savile Row Bespoke Association, que se encarga de gestionar un curso de aprendizaje en el Newham College. Además, los alumnos que quieran aprender a cortar, patronar y coser un traje completarán su formación ayudando a un maestro artesano durante un periodo de entre cuatro y cinco años, momento en el cual se le permite tener sus propios clientes dentro de la firma.

El futuro de Huntsman, como otras firmas, pasa por la exportación. "Queremos aumentar y afianzar nuestra propia colección de prêt-à-porter y generar más negocio en Oriente Medio, Rusia y Extremo Oriente", concluye Peter Smith. Sin abandonar, claro, la esencia del corazón londinense.

8 de octubre de 2012

Caucho de pasarela


Al diseñador Paul Surridge le gusta incorporar elementos inesperados en sus colecciones, de ahí que su estreno en Z Zegna como director creativo fuera muy esperado por los amantes de la moda masculina. Antes de tomar las riendas de la firma italiana, trabajó para Calvin Klein y Burberry. En esta última pudo conocer de primera mano su increíble tradición de ropa para la lluvia. Con ese aprendizaje, ya en Zegna, ha creado una serie de prendas de corte futurista que tiene como elemento común el material con el que se han confeccionado: el caucho.

Hasta ahora, este tipo de plástico estaba limitado a prendas técnicas y profesionales, como las de los bomberos o las botas de agua. Ahora se elevan a la pasarela gracias a diseños como el de la gabardina de la imagen, con cuello de malla, cinturón y ajustes de manga (1.000 €). Es de un brillante verde botella, el mismo color con el que se han realizado a juego diferentes prendas, como un pantalón de pitillo, un chaquetón, unos guantes o una bolsa de deporte. También complementos típicos de los días de lluvia, como un paraguas o unas botas de agua, con una suela gruesa.

En el desfile de la firma, no tuvo reparo en que un modelo desfilara con todas las prendas puestas, demostrando que incluso con un material a priori tan complicado de llevar también se puede lucir elegante.


2 de octubre de 2012

Puntadas de Primera División



El número 3 de la calle Félix Boix de Madrid acoge una pequeña sastrería donde el buen hacer no entiende de rascacielos y modismos, sino de tradición y pasión por el trabajo bien hecho. Está a un paso del nuevo distrito financiero de la capital, pero que sean muchos los altos directivos los que acuden allí a tomarse medidas no es algo que comenzara con la inauguración de las gigantescas torres del Paseo de la Castellana. Al contrario, Mariano Arroyo Langa (Madrid, 17 de diciembre de 1938), su propietario, lleva más de media vida atendiendo personalmente a lo más granado de la empresa y las finanzas de la capital. "Para llevar a un cliente a la camisa que más le favorece, el secreto está en ser un buen psicólogo. Un camisero tiene la mitad del éxito ganado si consigue captar lo que éste realmente quiere en la primera entrevista, en la que se le puede aconsejar, pero no imponer", explica.

A sus 73 años, no duda en acudir a la sastrería para atender personalmente a clientes de toda la vida como Florentino Pérez o Enrique Cerezo. "Ir a Langa siempre es un placer. Primero, por ver a Don Mariano y charlar un rato con él. Te trata con un cariño increíble y eso para un cliente es fundamental. Segundo, porque es el mejor camisero que hay en Madrid", comenta rotundo el presidente del Atlético de Madrid. De hecho, se da la circunstancia de que Langa no sólo firma las camisas de los actuales presidentes de este equipo y del Real Madrid, sino también de anteriores mandatarios como José Ramón Calderón.

Del día a día se encarga el sastre Joaquín Fernández Prats (Madrid, 8 de mayo de 1976), un fichaje con el que Don Mariano tiene muchas cosas en común. Ambos comenzaron con 14 años y pasaron por reconocidas sastrerías durante su formación (en el caso de Joaquín, por la de Pedro Muñoz, entre otras). Los dos se complementan a la perfección, aunque es innegable el toque juvenil que ha sabido darle este sastre de 36 años al local. "Me considero su continuador, ya que el trabajar a su lado es como un máster en camisería". Uno de los objetivos que se ha impuesto es que el público joven opte por patrones más acorde a su edad, que un traje no valga de igual modo para el padre y para el hijo. "La mayoría de los clientes busca trajes de diario y no dan demasiado margen, pero poco a poco comienzan a encargar patrones diferentes", explica.

CÓMODAS Y LIGERAS. Un traje a medida de Langa se caracteriza por una construcción muy estudiada. "Todo se realiza a mano en nuestros propios talleres y cada pieza se trata de conseguir entallada pero cómoda y no muy armada", prosigue Joaquín Fernández. "El objetivo es hacer chaquetas cada vez más ligeras, descargarlas trabajando las entretelas o las hombreras, por ejemplo. Además, siempre estamos en continua búsqueda de nuevos forros y materiales para innovar".

Este invierno, los encargos que están realizando son, en su mayoría, trajes de tres piezas; y parece que el directivo comienza a atreverse cada más con una pequeña raya diplomática. Para elegir tela, cuentan con un sinfín de muestrarios, de firmas como Scabal u Holland & Sherry, con sede en la londinense Savile Row. Escoger un traje a medida de cashmere, por ejemplo, asciende a 4.500 €; un precio muy inferior al que cuesta un dos piezas confeccionado con la vicuña que les sirve el lanificio de Ermenegildo Zegna: alrededor de los 12.000 €.

Más económicas son las camisas, cuyo precio ronda entre los 150 y los 275 €, aunque es posible hacer un encargo especial con tejido de Loro Piana. En ese caso, puede llegar a costar hasta 1.500 €. Además, como dato curioso, se puede solicitar ropa interior con la misma tela de la camisa (desde 70 €) o incluso un camisón de dormir (220 €), para el que se usa el mismo patrón que guardan de cada cliente. Cada uno tendrá una o varias pruebas intermedias antes de recoger finalizada la pieza. Si hay un pequeño error, Don Mariano no dudará en descoser por completo la camisa y volverla a hacer con los nuevos retoques ya incorporados. Que casen los dibujos de las costuras, por ejemplo, es un detalle que se da por hecho.

Gracias a Joaquín, la visibilidad de Langa en Internet es un hecho. Además de en su web, están presentes en redes sociales y colaboran con varios blogs. Uno especializado en sastrería, ElAristocrata.com, les desafió a confeccionar un traje Príncipe de Gales de menos de un kilo de peso con una tela de 230 g/m2. Dicho y hecho. El éxito (800 g) fue tal que, al poco, recibieron encargos del mismo modelo (2.500 €). Tras el mostrador, ambos maestros esperan el siguiente reto.

1 de octubre de 2012

Un toque de distinción

Louis Vuitton ofrece a sus clientes la posibilidad de personalizar sus productos mediante el grabado de las iniciales gracias a un proceso de termopresión, así como pintando a mano iniciales y bandas de color sobre la lona (en baúles y maletas rígidas). En 2009 añade un modo nuevo: el servicio Mon Monogram, que se distingue de los anteriores en que la personalización se imprime sobre el cuero, por lo que se asegura la permanencia del color de las franjas y las iniciales. Se lleva a cabo en los modelos legendarios de la casa: el bolso Speedy, la bolsa Keepall, la maleta Pegase, además de en toda su pequeña marroquinería; y se solicita por Internet. Este otoño, el servicio se amplía a los portatrajes. Con más de 200 millones de posibilidades a elegir sobre lona Monogram, el pedido se realiza en las boutiques y cuesta 1.390 €.