28 de noviembre de 2012

El baile de Navidad

Dior celebra la Navidad con una colección de maquillaje de edición limitada, sus mejores fragancias y una paleta de color que invita a un baile palaciego. Llama la atención una paleta que mita a los carnés de baile del siglo XVIII y XIX, en la que las damas apuntaban el orden de los caballeros con los que debían bailar cada pieza, así como los nuevos frascos de lacas de uñas o barras de labios.

El vídeo que ha creado para presentarla no tiene desperdicio. Belleza y elegancia con el dorado como protagonista. Un carrusel de luz, color y música que hipnotiza y envuelve. Hacía mucho que no veía un spot tan acertado ni que 'pegara' tanto a una firma de lujo. Si una firma quiere posicionarse como marca de lujo, está obligada a envolver sus campañas con producciones como ésta:

12 de noviembre de 2012

Club para sibaritas

Tutto Uomo, una pequeña sastrería masculina que cerró hace meses en la calle Fuencarral de Madrid, puede ser el germen de una exclusiva red internacional de clubes. Esto siempre y cuando se cumplan los objetivos que el empresario Adolfo Álvaro (Burgos, 20 de abril de 1976), junto a otros tres socios, se ha propuesto para su última aventura: el Luxury Purple Club, que acaba de abrir sus puertas en la capital.

Ganas de triunfar y un proyecto serio no le faltan. "Durante años he recopilado ideas dando forma a cada detalle: los muebles, la recepción, los servicios, la atención personalizada...", explica Adolfo con el optimismo propio del que sabe lo que se hace. Propietario de la antigua boutique, creó con sus principales clientes un pequeño club en 2009. Tres años después, estrenaba sede en un flamante piso situado en la última planta de un edificio señorial frente a El Retiro, con 850 socios registrados gracias a un boca a boca que no deja de crecer. "La idea es que las instalaciones sean aprovechadas por un máximo de tres socios por jornada, acompañados por amigos, colegas o clientes hasta alcanzar las 25 personas en total. No queremos que se masifique el espacio, de ahí que actualmente haya una espera de entre 15 y 20 días de antelación para que se puedan reservar zonas concretas como la terraza o el salón multimedia", prosigue.

Pensado para que el socio se relaje, no hay ni un rincón del club que no se haya estudiado con detenimiento. Además de una amplia recepción, el inmueble cuenta con un gran salón principal que ejerce de núcleo de todas las actividades. Allí se encuentran cómodos y mullidos sofás junto a pequeños placeres como un carrito cargado con whiskies de categoría premium (algunas etiquetas no se venden en España), además de ron, vodka, brandy...; y una cava en la que, gracias a un concierto con Altadis, está siempre surtida de los mejores habanos del mercado español, especialmente los Behike. Puros y destilados están a disposición del socio y sus invitados durante su estancia. También es posible contar con una cava de vinos, de cuya reposición se encarga Lavinia. En este caso, si el socio organiza una cena o, simplemente, quiere degustar alguna etiqueta con sus invitados, sí debería abonar el precio de la botella. El objetivo es que siempre haya 100 referencias como mínimo.

A medida. Junto al salón, separados por una puerta corredera, se encuentran una segunda sala de estar, más pequeña, y una zona dedicada a la moda artesana. Es el lugar de trabajo del sastre Juan Carlos Antona (Madrid, 1 de marzo de 1969), que se encarga de recibir a los socios interesados en confeccionarse un traje, comprar complementos, pedir un servicio de estilismo o personal shopper... "Trabajamos con firmas como Corneliani, Loro Piana, Ermenegildo Zegna... con hasta 7.500 tejidos diferentes donde elegir", explica Antona, que a su vez es también uno de los socios del club.

Prácticamente todo está a la venta. Desde los cuadros y esculturas que decoran las paredes (actualmente, se exponen obras del español Jorge Palacios) a los conjuntos de moda que muestran las últimas tendencias. Además, hay expositores fruto de acuerdos con firmas de renombre como Chopard. "Los socios pueden venir y probarse los relojes o los gemelos con calma, todo dentro de la misma experiencia de descanso y bienestar que les ofrecemos en todo momento", explica Adolfo Álvaro. Si luego se decide a adquirir alguno, tendrá un ventajoso descuento respecto al precio oficial en la boutique.

Cuotas. Todos los miembros cuentan con un servicio muy especial: un Mercedes Clase S les recoge donde sea necesario para que se desplacen al club y luego les vuelve a llevar donde gusten. "Es una medida que aprovechan muchos socios extranjeros que hacen escala en Madrid y, mientras preparan su avión privado, prefieren hacer la espera cómodamente en el club, en vez de en el aeropuerto de Torrejón", sigue el propietario.

Sin embargo, hay cuatro categorías diferentes de ser asociado del Luxury Purple Club. Por un lado, el Clásico, que paga 800 € al año y que disfruta de un 20% de descuento en sastrería y acceso a las instalaciones. Después, el Corporate, pensado sobre todo para compañías. Se pagan 1.000 € mensuales e incluye un 25% de descuento en compras, 3.000 € en vestuario y aprovechar cinco veces al año el espacio para eventos corporativos.

El tercer tipo es el socio Gold, que paga 25.000 € anuales; y el cuarto, el Platinum, que abona 50.000 €. Estos tienen acceso a todos los eventos del club, así como a los de otros países con los que se tiene convenio. Además, disfrutan de un 45% de descuento en compras (35% en caso de los Gold), 15.000 € en vestuario (7.500 € los segundos) y reservar hasta 10 veces al año todo el club, tanto para eventos privados como de trabajo (los Gold, sólo en cinco ocasiones); así como solicitar la mediación del club para entablar contactos empresariales con otros miembros.

Acceso al club. Para formar parte hay que solicitar la entrada a alguno de los propietarios o a través de un socio. Un Comité de Admisión de cinco personas decidirá, tras conocer al candidato y sus credenciales, si es apto o no. “Nos interesa, sobre todo, qué puede aportar el candidato al club y al resto de asociados”, explica.

El de Madrid es el primero de una red de clubes unidos bajo el color púrpura. “Estamos cerrando la apertura de una sede en Nueva York, donde nos gustaría abrir el año que viene. Allí acudirían tanto los actuales de España como los que tenemos en Estados Unidos y otros países”, explica Adolfo Álvaro. "Después, nuestros planes de expansión consisten en abrir un tercer club en Shanghai, así como en Doha y São Paulo, aunque estos últimos a más largo plazo". Además, han firmado acuerdos con otros clubes privados como el Core de Nueva York o el David Chu Bespoke, también en la ciudad de los rascacielos.

De los 850 socios listados, alrededor de 120 son los que realmente exprimen al máximo las posibilidades del club. Entre ellos destacan altos directivos del mundo de la banca, abogados o deportistas de élite, que prefieren acudir a la sede para encargarse un traje con toda la discreción posible o realizar reuniones de trabajo informales. Un equipo de seis personas se encarga de que no les falte de nada.

7 de noviembre de 2012

Zapatos de horma digital

Botisto, que en esperanto significa ‘zapatero’, es la firma de calzado a medida que acaba de crear en Barcelona el finlandés Jaakko Tulkki. El proceso de creación de las hormas se realiza tras un escáner en 3D en la tienda (a partir de ahí, ya se pueden encargar por Internet sin hacer acto de presencia).

La colección cuenta con 10 modelos, con precios que oscilan entre los 320 € que cuesta el Derby de ante hasta los 540 € del de piel galuchat. Se pueden solicitar en diferentes colores y se confeccionan a mano en Lombardía. Tardan de tres a cuatro semanas en despacharse.




5 de noviembre de 2012

El secreto de los Ferragamo

En 1914, un joven de Campania, en el sur de Italia, llegaba como emigrante al puerto de Boston. Se llamaba Salvatore Ferragamo y no tardaría ni una década en convertirse en el zapatero de las estrellas de Hollywood. A pesar de haber cumplido como pocos el sueño americano, por la cabeza del artesano no pasaba el quedarse en Estados Unidos. Cargado de éxito, y sin renunciar a sus negocios en California, vuelve a Italia en 1927. Se instala en Florencia y comienza una aventura profesional intercontinental, germen del actual Grupo Ferragamo, que desde entonces ha vivido una bancarrota (1933), una recuperación milagrosa (en 1950 producía 350 pares de zapatos hechos a mano al día, gracias a 700 empleados) y una diversificación muy amplia mediante licencias (óptica, perfumería...). Hoy, con ventas de 986 millones de euros (2011) y casi 3.000 empleados, la firma familiar (la preside Ferruccio, hijo del fundador) sigue abanderando la industria del calzado de calidad.

Pero los Ferragamo no sólo se dedican al mundo de la moda. De hecho, cuentan una segunda empresa familiar, independiente de la primera. En Il Borro, una hacienda en el corazón de Toscana, han creado una diversificada industria de agroturismo donde, además de hospedar a selectos visitantes y turistas, elaboran uno de los vinos más apreciados de la región. Al frente se encuentra Salvatore (7 de noviembre de 1971), primogénito de Ferruccio junto a su hermano gemelo James y a quien su padre define como "una persona muy inteligente y, como yo, muy cabezota. Gracias a él ha valido la pena todo el esfuerzo que invertí en Il Borro".

El empresario se refiere al ingente trabajo que ha realizado la familia desde que comprara la hacienda a los duques de Aosta en 1993. Conocían la finca desde mediados de los 80 (era su lugar preferido para sus jornadas de relax y caza de faisanes y jabalíes) y en dos décadas la han convertido en un referente. Por un lado, restauraron los palacios y pabellones existentes, transformándolos en casas para huéspedes y con varias dependencias privadas. Por otro, la pequeña aldea medieval adyacente también fue adquirida y rehabilitaron casa por casa para crear un gran complejo de agroturismo de lujo capaz de albergar a más de 400 huéspedes.

Y todo ello sin renunciar a un perfil agrícola en el que destacó la puesta en marcha de un negocio bodeguero de gran calidad. "El objetivo es elaborar un vino de terroir en esta parte de Toscana, fresco en el paladar, con acidez pero afrutado", explica Salvatore Ferragamo. La producción se ciñe actualmente a tres tintos y un blanco, aunque también cuentan con vino dulce, espumoso y grappa. Se obtienen de 45 hectáreas de viñedo, cultivadas a una altura entre 300 y 500 m sobre el nivel del mar y que generan alrededor de 240.000 botellas al año. La estrella de la casa es el tinto Il Borro, mezcla de Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah y Petit Verdot y que se revela al paladar "asombrosamente ligero. Posee una pizca de madera especiada y elegante que, junto a su riqueza en aromas como la vainilla, el incienso o el cuero, consigue un resultado rotundo".

Excepcional. La idea no es crear un vino típico de Toscana. "Queremos producir un tinto único y diferente, a través de un estudio minucioso del terruño. Burdeos es uno de los espejos en los que nos gusta reflejarnos", explica Salvatore. Para ello es fundamental su estrecha relación con el enólogo de la bodega, Stefano Chioccioli, uno de los consultores vinícolas más importantes de Italia (suyo es, por ejemplo, el Redigaffi 2000, que recibió los deseados 100 puntos del crítico Robert Parker en la mítica revista Wine Advocate).

A Ferragamo le llama la atención que, a diferencia de otros sectores y productos italianos, en el caso del vino, uno de los más famosos en el extranjero sea el Lambrusco, con una calidad muy inferior a la de las grandes referencias del país (Piamonte, Toscana, Véneto...). El problema lo achaca a una falta de márketing. "Muchos opinan que los que mejor saben vender sus productos somos los italianos, pero yo discrepo. En mi opinión, son los franceses, y en ellos debemos fijarnos. Italia es una nación joven y seguimos pecando de individualistas cuando se trata de vender algo que se realiza en diferentes regiones, incluso dentro de la misma provincia. Generar interés internacional cuando cada zona va por libre es complicado y el vino es un producto muy particular y diverso que facilita como ninguno ese carácter", prosigue.

Buena parte del proceso de elaboración en Il Borro se realiza artesanalmente. "En este sentido, trabajamos igual que el resto de mi familia en la moda, con un particular cuidado y mimo en cada parte del proceso de creación de los vinos: la vendimia, la vinificación...", explica. Y todo ello en una pequeña bodega con tres decenas de grandes depósitos de aluminio. Es el paso previo al envejecimiento en barricas de roble americano. Éstas reposan en un alargado pasillo semisubterráneo que finaliza en la antigua bodega de la hacienda, conservada tal cual era hace más de un siglo a una temperatura constante.

Este año, la vendimia se llevó a cabo durante la primera quincena de octubre. El resultado se espera que sea excepcional y ayude a consolidar a la firma en mercados como el japonés o el estadounidense, donde ya cuentan con una amplia distribución, así como en nuevos como el español, donde se estrenan este noviembre de la mano de Vente-Privee.

Mundos separados. Al visitante de Il Borro le llama la atención la ausencia de referencias familiares en todas las dependencias. Salvo las amenities de los baños, nada allí da a entender que se está en una propiedad de los Ferragamo. "Estoy orgulloso de mi familia, pero la idea es crear una nueva firma, 100% independiente. Si usara mi apellido, estaría llevando a cabo una acción de márketing cruzado que considero falta de ética. Yo aspiro a que los que vengan al hotel o beban los vinos lo aprecien por ellos mismos. Además, deseo que el nombre de Ferragamo se asocie exclusivamente al mundo de la moda. De otro modo, la marca se debilitaría", prosigue Salvatore.

La familia aún considera este lugar su paraíso particular, donde llevan a cabo buena parte de sus aficiones. "El mundo del vino es muy competitivo, te obliga a viajar mucho para establecer relaciones comerciales, por lo que no he llegado a ver la propiedad como un lugar sólo de trabajo. Además, ofrecemos a nuestros huéspedes muchas actividades que nosotros mismos hemos realizado durante años, como la caza, la pesca, diferentes deportes, senderismo...", explica el responsable de Il Borro.

Hospedarse en sus villas o casas medievales es posible a partir de 120 € por persona y noche (el precio varía bastante según la elección). El próximo objetivo es crear un campo de golf de nueve hoyos completamente sostenible. Será la guinda a un paraíso del descanso único en el mundo.

2 de noviembre de 2012

Pioneros del polo



Durante el siglo XIX, Jerez de la Frontera (Cádiz) era una de las ciudades más dinámicas de España gracias a los avances que las familias bodegueras inglesas habían importado a este rincón de Andalucía. Esto permitió que fuera el primer municipio del país con Caja de Ahorros (1834), también el primero cuyo Ayuntamiento contaba con luz eléctrica o el segundo con tren (la línea que la unía con Sevilla, en 1854, tras la Barcelona–Mataró).

Pero el espíritu emprendedor no se ciñó a la industria, sino también a otras áreas como el deporte. Jerez fue el ‘puerto’ de entrada del polo en España. Su tradición hípica (sede de la Yeguada Militar y cuna de excepcionales ejemplares de raza árabe), unida a las costumbres que trajeron de Gran Bretaña, era el mejor caldo de cultivo para que, en 1870, se fundara el Xerez Polo Club. Fue de la mano de Pedro Nolasco González, propietario e hijo del fundador de las bodegas González Byass y que conoció y practicó este deporte de origen hindú en sus viajes a Reino Unido. Su entusiasmo convenció a empresarios de la ciudad para fundar el que luego sería el primer club de polo de Europa*.

Más de 140 años después, su actual presidente, Lorenzo Díez Romero-Valdespino, ha recopilado en un libro la historia del club, que en buena medida es la crónica del polo en España. "En aquella época, aún jugaban con seis, siete u ocho jugadores por equipo. Hasta 1875 no se limitó a cinco, siguiendo el nuevo Reglamento del Hurlingham Club de Londres", explica el autor. "La equipación del club consistía en un pantalón gris y camiseta y gorra a rayas rojas y verdes, colores que se mantienen hoy en nuestro escudo".

Desde sus inicios, la historia del Real Polo Club está ligada a las familias terratenientes y a Zarzuela. Alfonso XIII le otorga el título de Real en 1915 y no duda en participar él mismo como jugador del equipo. Fue uno de los responsables, por ejemplo, de la victoria en el torneo celebrado en 1908 en La Granja de San Ildefonso (Segovia): la Copa Marquesa de Esquilache, cuyo trofeo aún se conserva como oro en paño. "Ha sido el único rey de la era moderna que practicó el polo, ya que Eduardo VII, Jorge V y Eduardo VIII de Inglaterra dejaron de hacerlo al ser coronados", narra Díez.

Tras décadas en las que el polo prácticamente desapareció de la ciudad, el club se reactiva en 2005, cuando vuelve a utilizar las canchas de Chapín y retoman torneos como la Copa Jerez. El culmen fue la Real Orden del Mérito Deportivo con la que el Consejo Superior de Deportes recompensó, en 2009, más de un siglo de historia. El libro Polo en Jerez. 1870-2010, con más de 500 imágenes y documentos históricos, se ha presentado en edición limitada. A partir de 42 €.


* Los primeros en el mundo fueron en India, durante los años del Imperio Británico. Los militares lo llevaron a Gran Bretaña, pero no se constituyeron clubes como tal hasta un par de años después de que naciera el de Jerez, ya que hasta entonces formaban parte de clubes dedicados principalmente a otros deportes.