12 de noviembre de 2012

Club para sibaritas

Tutto Uomo, una pequeña sastrería masculina que cerró hace meses en la calle Fuencarral de Madrid, puede ser el germen de una exclusiva red internacional de clubes. Esto siempre y cuando se cumplan los objetivos que el empresario Adolfo Álvaro (Burgos, 20 de abril de 1976), junto a otros tres socios, se ha propuesto para su última aventura: el Luxury Purple Club, que acaba de abrir sus puertas en la capital.

Ganas de triunfar y un proyecto serio no le faltan. "Durante años he recopilado ideas dando forma a cada detalle: los muebles, la recepción, los servicios, la atención personalizada...", explica Adolfo con el optimismo propio del que sabe lo que se hace. Propietario de la antigua boutique, creó con sus principales clientes un pequeño club en 2009. Tres años después, estrenaba sede en un flamante piso situado en la última planta de un edificio señorial frente a El Retiro, con 850 socios registrados gracias a un boca a boca que no deja de crecer. "La idea es que las instalaciones sean aprovechadas por un máximo de tres socios por jornada, acompañados por amigos, colegas o clientes hasta alcanzar las 25 personas en total. No queremos que se masifique el espacio, de ahí que actualmente haya una espera de entre 15 y 20 días de antelación para que se puedan reservar zonas concretas como la terraza o el salón multimedia", prosigue.

Pensado para que el socio se relaje, no hay ni un rincón del club que no se haya estudiado con detenimiento. Además de una amplia recepción, el inmueble cuenta con un gran salón principal que ejerce de núcleo de todas las actividades. Allí se encuentran cómodos y mullidos sofás junto a pequeños placeres como un carrito cargado con whiskies de categoría premium (algunas etiquetas no se venden en España), además de ron, vodka, brandy...; y una cava en la que, gracias a un concierto con Altadis, está siempre surtida de los mejores habanos del mercado español, especialmente los Behike. Puros y destilados están a disposición del socio y sus invitados durante su estancia. También es posible contar con una cava de vinos, de cuya reposición se encarga Lavinia. En este caso, si el socio organiza una cena o, simplemente, quiere degustar alguna etiqueta con sus invitados, sí debería abonar el precio de la botella. El objetivo es que siempre haya 100 referencias como mínimo.

A medida. Junto al salón, separados por una puerta corredera, se encuentran una segunda sala de estar, más pequeña, y una zona dedicada a la moda artesana. Es el lugar de trabajo del sastre Juan Carlos Antona (Madrid, 1 de marzo de 1969), que se encarga de recibir a los socios interesados en confeccionarse un traje, comprar complementos, pedir un servicio de estilismo o personal shopper... "Trabajamos con firmas como Corneliani, Loro Piana, Ermenegildo Zegna... con hasta 7.500 tejidos diferentes donde elegir", explica Antona, que a su vez es también uno de los socios del club.

Prácticamente todo está a la venta. Desde los cuadros y esculturas que decoran las paredes (actualmente, se exponen obras del español Jorge Palacios) a los conjuntos de moda que muestran las últimas tendencias. Además, hay expositores fruto de acuerdos con firmas de renombre como Chopard. "Los socios pueden venir y probarse los relojes o los gemelos con calma, todo dentro de la misma experiencia de descanso y bienestar que les ofrecemos en todo momento", explica Adolfo Álvaro. Si luego se decide a adquirir alguno, tendrá un ventajoso descuento respecto al precio oficial en la boutique.

Cuotas. Todos los miembros cuentan con un servicio muy especial: un Mercedes Clase S les recoge donde sea necesario para que se desplacen al club y luego les vuelve a llevar donde gusten. "Es una medida que aprovechan muchos socios extranjeros que hacen escala en Madrid y, mientras preparan su avión privado, prefieren hacer la espera cómodamente en el club, en vez de en el aeropuerto de Torrejón", sigue el propietario.

Sin embargo, hay cuatro categorías diferentes de ser asociado del Luxury Purple Club. Por un lado, el Clásico, que paga 800 € al año y que disfruta de un 20% de descuento en sastrería y acceso a las instalaciones. Después, el Corporate, pensado sobre todo para compañías. Se pagan 1.000 € mensuales e incluye un 25% de descuento en compras, 3.000 € en vestuario y aprovechar cinco veces al año el espacio para eventos corporativos.

El tercer tipo es el socio Gold, que paga 25.000 € anuales; y el cuarto, el Platinum, que abona 50.000 €. Estos tienen acceso a todos los eventos del club, así como a los de otros países con los que se tiene convenio. Además, disfrutan de un 45% de descuento en compras (35% en caso de los Gold), 15.000 € en vestuario (7.500 € los segundos) y reservar hasta 10 veces al año todo el club, tanto para eventos privados como de trabajo (los Gold, sólo en cinco ocasiones); así como solicitar la mediación del club para entablar contactos empresariales con otros miembros.

Acceso al club. Para formar parte hay que solicitar la entrada a alguno de los propietarios o a través de un socio. Un Comité de Admisión de cinco personas decidirá, tras conocer al candidato y sus credenciales, si es apto o no. “Nos interesa, sobre todo, qué puede aportar el candidato al club y al resto de asociados”, explica.

El de Madrid es el primero de una red de clubes unidos bajo el color púrpura. “Estamos cerrando la apertura de una sede en Nueva York, donde nos gustaría abrir el año que viene. Allí acudirían tanto los actuales de España como los que tenemos en Estados Unidos y otros países”, explica Adolfo Álvaro. "Después, nuestros planes de expansión consisten en abrir un tercer club en Shanghai, así como en Doha y São Paulo, aunque estos últimos a más largo plazo". Además, han firmado acuerdos con otros clubes privados como el Core de Nueva York o el David Chu Bespoke, también en la ciudad de los rascacielos.

De los 850 socios listados, alrededor de 120 son los que realmente exprimen al máximo las posibilidades del club. Entre ellos destacan altos directivos del mundo de la banca, abogados o deportistas de élite, que prefieren acudir a la sede para encargarse un traje con toda la discreción posible o realizar reuniones de trabajo informales. Un equipo de seis personas se encarga de que no les falte de nada.

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