4 de julio de 2013

Una noche en el museo



El mejor modo de disfrutar del mar en Niza es paseando por la Promenade des Anglais. Allí llama la atención un gran edificio blanco y techos ocres, un palacio que esconde uno de los hoteles-museo más estrambóticos de Europa: el Negresco. Sus jardines, sus salones, sus habitaciones... no falta un rincón donde el arte contemporáneo no esté presente, incluido un tíovivo clásico.

Superviviente de los grandes hoteles inaugurados a principios del siglo XX, fue el rumano Henri Negresco el que decidió ponerlo en funcionamiento, para lo que contrató a los mejores industriales, arquitectos y decoradores. Luego llegarían los grandes huéspedes, como Salvador Dalí, que se sentía en su salsa en un ambiente en el que aparecían grandes retratos de los reyes franceses, bustos de María Antonieta, tapices de Raymond Moretti y todo tipo de estatuas.

Una particular colección que no ha dejado de crecer. Actualmente, su 'brasserie' La Rotonde está decorada como una antigua atracción de feria, y en las zonas comunes hay colecciones de arte africano y oriental, así como alfombras con grafismos cubistas y postmodernistas. Y fuera, en el jardín, una estatua de Miles Davies con chaqueta multicolor da la bienvenida.

A partir de 310 €/noche, una experiencia única en plena Costa Azul para los amantes del arte y la hilaridad decorativa.




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