18 de septiembre de 2013

Un palacio de otro mundo



El yuzu, el pomelo japonés, es la fruta del otoño en el Palacio de Namaskar, un rincón de lujo y fastuosidad a las afueras de Marrakech en el que poder dedicarse al noble arte del hedonismo. Mimarse con sesiones de shiatsu o reflexología, disfrutar de un brunch con especialidades thai y niponas o aprender a manejar el estrés con meditación son sólo algunas de las actividades que ofrece este santuario de cinco estrellas.

Con una arquitectura de gran belleza, el Palais Namaskar está considerado no sólo uno de los mejores hoteles de Marruecos, sino también de todo el mundo, de ahí que no falte en las clasificaciones de las revistas más prestigiosas. Sus suites y villas son buena muestra de ello, con una decoración que combina el lujo Oriental con las comodidades típicas de Occidente, sin descuidar piscinas, cocinas privadas y un servicio de mayordomo que se encarga de todos los detalles.

El punto fuerte del hotel es el spa, que se ha creado siguiendo los principios del Feng Shui para canalizar energías y revitalizar cuerpo y mente. Albercas interiores, pozas y jardines aromáticos forman parte del espacio, así como jacuzzis, sauna, baños turcos y cabinas donde recibir mil y un tratamientos cosméticos y masajes. Un cuidado como el que ponen en las cinco cocinas del hotel, al cargo de otros tantos restaurantes.

A menos de dos horas de avión, un paraíso único donde no se puede hacer otra cosa que relajarse al máximo. A partir de 470 €/noche.


Publicar un comentario