21 de febrero de 2014

Corazón armenio

El Aula Magna de La Sapienza se puso en pie el pasado 14 de enero al terminar el concierto de Jordi Savall. La universidad romana se postró ante uno de los nombres más polivalentes de la música contemporánea. El catalán presentó allí Esprit d’Armenie (Alia Vox), un trabajo discográfico en el que se rodea de un grupo de músicos tradicionales armenios y su ensemble Hespèrion XXI. Juntos interpretan temas tradicionales del país caucásico con la ayuda de instrumentos autóctonos como el duduk o la kamantcha.

Desde la publicación del disco en septiembre de 2012, a este maestro de 72 años no han parado de lloverle premios. Por un lado, fue nombrado Caballero de la Legión de Honor de la República Francesa, y obtuvo el Léonie Sonning, considerado el Nobel de la música. Por otro, la asociación de discográficas alemanas le otorgó el Premio Echo Klassik 2013 de Música de Cámara; y este diciembre, el Gremio de Editores de Cataluña le entregó el Premio Atlàntida por su contribución “a la defensa del valor de la cultura”.

Reconocido como uno de los actores esenciales de la revalorización de la música antigua, Savall emociona al tocar su viola de gamba o, batuta en mano, como director. Concertista, pedagogo, investigador... Se cuentan por docenas los proyectos en los que ha participado desde que comenzara su carrera a principios de los 70. Y en todos ellos, un afán: la paz. Convencido de que el pentagrama es uno de los mejores caminos para entablar lazos entre pueblos y culturas, no son pocas las iniciativas que ha dado con fines pacifistas. Fiel reflejo es su último disco, Oriente-Occidente II (Alia Vox), un homenaje a Siria publicado el pasado octubre, que The New York Times no dudó en considerar “una de las mejores grabaciones del año”.