29 de mayo de 2014

En un vagón del Eastern & Oriental Express



Pocas experiencias se pueden comparar a conocer el Sudeste Asiático a bordo del Eastern & Oriental Express, el tren más lujoso de la región y que permite acercarse a Singapur, Malasia, Tailandia y Laos bajo un prisma único; así como hacernos sentir como un antiguo explorador del siglo XIX. Además, el próximo octubre, su viaje tendrá un trasfondo solidario, en tanto que gira en torno a la preservación y cuidado de los tigres salvajes.

La aventura comienza el día 2 de ese mes, e incluso antes, porque el paquete de viaje no sólo incluye la mejor restauración a bordo y una atención y comodidad exquisita, sino también pernoctar en algunos de los mejores hoteles de la región. Uno de ellos, el Raffles de Singapur, en el que empezar ya a ambientarse en el mundo colonial británico. En Bangkok, por su parte, el marco es el incomparable Mandarin Oriental de la ciudad.

Las cabinas privadas del Eastern & Oriental Express cuentan con grandes ventanales desde los que disfrutar de un paisaje único, en el que animales salvajes y pequeñas aldeas se van sucediendo en un baile de postales inolvidable. Construido en Japón en 1972 con un estilo 'vintage', es el hermano pequeño del famoso Venice Simplon Orient Express, y ha sido remodelado para incorporar, por ejemplo, un vagón 'de observación', con ventanales gigantes; así como una suite, la Cabina Presidencial, configurado como un lounge de día y una habitación doble, de noche.

El tren cuenta con dos vagones restaurantes, diferenciados y que ofrecen menús estacionales. Desde las 7 de la mañana es posible degustar croissants recién hechos, fruta cortada, café y té para desayunar; y durante la jornada bocados de autor y aperitivos que amenizarán el viaje.

En las paradas, actividades como la visita a templos, a teatros para ver bailes tradicionales o a pequeñas aldeas donde degustar un auténtico té asiático son sólo algunas de las propuestas. Una maravilla al alcance de la mano.

22 de mayo de 2014

Pinacoteca en seda. Los carrés de la primavera.

En 1937 veía la luz el primer pañuelo de seda de Hermès. En su estampado destacaba el omnibús, un juego de sociedad de la época. Desde entonces, centenares de dibujos, muchos de ellos auténticas obras maestras, han pasado por los escaparates de la 'maison'. De hecho, pocos saben que, para que se hagan realidad, cada diseño lleva un proceso de dos años, y en la fabricación participan hasta 800 personas, muchas de ellas artesanos del taller de la seda que la firma tiene en Lyon.

Esta primavera, la casa francesa vuelve a presentar una colección en la que el color y los motivos icónicos destacan de una forma especial. Así, por ejemplo, encontramos el modelo Festival de amazonas, con detalles del mundo ecuestre; o el Fauna de letras, en el que el alfabeto es el protagonista.

Los indios, otro tema recurrente, está presente en los modelos, en diferentes colores, 'Chefs indiens'; y no faltan, como es habitual, las 'Bridas de gala', quizás el dibujo más repetido en la historia de Hermès. Pero también motivos geométricos y abstractos, que recuerdan a una galería de arte contemporáneo.

Más de una veintena de modelos que hacen de los carrés los más codiciados por los amantes del lujo.




16 de mayo de 2014

Reloj de trotamundos


De sobra es conocido el preciosismo y el mimo que Louis Vuitton dedica a la fabricación de cada una de sus piezas. En todas se marca como objetivo seguir manteniendo un nivel de calidad que les mantenga como firma de referencia tanto en el mundo de los complementos como en todo aquello relacionado con la cultura del viaje, es decir, su ADN particular.

En este caso, es la tradición de los relojes de viaje la que se perpetúa con su nueva creación: el reloj Escale Worldtime, una pieza única masculina que destaca por una gran esfera abierta que permite una gran legibilidad y sobre la que se han pintado a mano los indicativos de varias decenas de ciudades de todo el mundo. Se precisan 50 horas de trabajo artesanal para completarla, empleando técnicas de esmaltado en miniatura y trabajo en óleo. En total, 30 colores que se aplican uno a uno antes de proceder al secado de la pieza en un horno calentado a 100 °C.

Con una caja realizada en oro blanco pulido y acabado satinado, se le han añadido esquineras al diseño para recordar a los famosos baúles de la marca. Además, también destaca de su diseño que cristal y esfera están separados, lo que da aún más sensación de contraste.


Y qué decir de la ausencia de agujas. Salvo una, amarilla, que indica la ciudad de referencia. El resto de los parámetros se observa mediante el movimiento constante de las esferas, que muestran en todo momento la hora en los cuatro puntos cardinales del planeta. Una pieza de excepción para viajeros de excepción.